El debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en el programa de Jordi Évole Salvados, en La Sexta, ha sido un verdadero ejemplo de información de calidad que demuestra cómo, sin necesidad de artificios y con la mera intención de escuchar y proponer, un encuentro entre dos representantes políticos de primer nivel puede ser tan fructífero para las propias fuerzas a las que encabezan como para los espectadores deseosos de conocer sus propuestas.

Más allá de opiniones subjetivas respecto a quién merece la victoria en este encuentro, está claro que tanto Podemos como Ciudadanos han ganado al saber aprovechar una valiosa oportunidad para hacer ver sus ideas e intenciones sin necesidad de entrar disputas inútiles sobre quién es peor que cuál.

A través de este debate se ha conseguido comunicar mucho más allá del propio mensaje contenido en los argumentos expuestos.

La información que se desprende de las características del encuentro habla de nuevas generaciones, no de políticos sino de formaciones, que muestran la voluntad y la capacidad de transmitir ideas, datos y propuestas desde una posición evidente de solvencia intelectual y comunicativa.

Posiblemente, uno de los detalles más llamativos del encuentro sea la alta capacidad de entendimiento entre ambos interlocutores y, a pesar de sus evidentes diferencias a nivel político e ideológico, se hace patente una gran ventana de coincidencias en elementos clave que podrían llegar a ser el eje vertebrador de una política común, no sin cesiones por parte de ambos, formada no de la unión sino de la negociación.

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Podemos

Tanto Ciudadanos como Podemos se han visto sometidos a un intento de polarización por parte de la tradicional izquierda y derecha políticas que los convierten en sus discursos en elementos esquematizados y simplificados fácilmente asociables a ideologías reconocidas históricamente. Sin embargo, este tipo de encuentros permiten ahondar en la complejidad de sus propuestas y en la existencia de unas intenciones mucho más profundas que este simple concepto polarizado en una izquierda y una derecha tradicionales.

Entender este cambio en la concepción política es el primer paso hacia la maduración de la sociedad y la comprensión de que, en democracia, los ciudadanos tienen el derecho de contar con una información completa antes de decidir su voto siendo esta la única forma para erigirse como poseedores del poder que les pertenece. Para ello, es imprescindible que los participantes un debate, como ha ocurrido en esta ocasión, dejen de ver el encuentro como una oportunidad para influenciar a un electorado básicamente inútil y comiencen entenderlo como una ocasión de explicar sus posturas a una población inteligente con capacidad de decisión propia.

Con las diferencias principales centradas en cuestiones económicas en las que se deja ver la apuesta de Podemos por la inversión en servicios públicos y se entiende la tendencia marcadamente liberal del partido de Albert Rivera, asuntos como la lucha activa contra el paro, la creación de riqueza o la administración de servicios básicos como la sanidad y la educación se convierten en protagonistas de un debate que, al menos en apariencia, está cargado de sinceridad y cercanía gracias a un formato fluido, sin pactos, sin exigencias y sin mediciones extremas del tiempo de intervención de cada participante.

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