Se ha conocido ahora, pues hasta ahora sólo lo sabían los franquistas y los familiares de más de 60 muertos hace justo 50 años, en una zona que es ahora el Parque Nacional de Monfragüe y donde se construían dos pantanos, donde confluyen los ríos Tajo y Tiétar. Lo contaban estos días medios como “El País”.

A las nueve de la mañana del 22 de octubre de 1965, en el poblado obrero de los Saltos de Torrejón el Rubio, un túnel o canal que comunicaba ambos pantanos (ataguía) se inundó por la presión del agua embalsada y ahogó a decenas de obreros, a dos cuadrillas completas de ellos. Lo peor estaba por llegar: el agua se desbordó luego y se llevó a más trabajadores, maquinaria y camiones consigo, y cuando se quiso evacuar parte del agua del pantano, que estaba casi completamente lleno, acabó de consumar la tragedia.

Más de 60 muertos, algunos de ellos arrastrados por el agua y encontrados meses después. Otros jamás fueron encontrados.

El poblado lo formaban obreros de toda Extremadura, con sus familias y con casas muy pobres construidas por ellos mismos. Vivían en una de las orillas. En la otra estaban los ingenieros y jefes de obra. Pero todos sus hijos coincidían en la misma escuela cercana.

Lo peor vino con que la dictadura de Francoquiso silenciar aquella tragedia, pues la de Ribadelago (Zamora) en enero de 1959, un pantano que reventó arrasando el pueblo y matando a 144 habitantes, fue un descrédito internacional para el Régimen, por la pésima construcción del pantano de Vega de Tera. Las noticias en la Prensa y demás medios de la época de lo de Monfragüe fue escasa, casi anecdótica.

Se informaba más de las autoridades atendiendo a los afectados como si de misioneros católicos en olor de santidad se trataran, algo habitual en el culto a la personalidad de aquella dictadura.

Además, había en juego intereses de familias poderosas metidas en la construcción de éste y de otros pantanos a lo largo del país, como los Oriol y los Aguirre Gonzalo.

Muchos eran dueños de Hidroeléctrica Española y Agromán, ahora Iberdrola y Ferrovial. Lo resolvieron todo con indemnizaciones a las viudas de los obreros con 20.000 pesetas de la época y 5.000 por cada hijo que se quedaba sin padre, con la condición de que no reclamaran ni se quejaran. Obreros que sobrevivieron, fueron contratados por la eléctrica Oriol.

Y hubo un obrero, José Martín Malmierca, que salvó a 30 de ellos de morir gracias a su ayuda, lo que aprovechó Franco para endulzar aquello, dándole una medalla, viajes y toda clase de homenajes ejemplarizantes.

En 1970, el Juzgado de Navalmoral de la Mata (Cáceres) archivó el caso, pese a las pruebas claras de los peritos de la mala construcción. Tal fue el secretismo de aquello que ni siquiera los pueblos de la zona la conocían a fondo, hasta que documentalistas del Parque Nacional de Monfragüe sacaron el tema en “Los saltos de Torrejón: una historia por contar”, consultando los archivos de la zona.

Hoy en día, los hijos de los obreros muertos siguen reivindicando justicia, pues no hubo responsables condenados por aquello, igual que en lo de Ribadelago, con sólo un condenado, pese a haber tenido muchos más muertos y con el pantano de Vega de Tera abandonado desde entonces.

Para rematarlo, Iberdrola quitó la placa que homenajeaba a todos los fallecidos y que estaba en la vieja capilla de Monfragüe.

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