Pablo Iglesias ha pasado por muchas cosas desde que decidió presentarse a aquellas elecciones al parlamento europeo. La actualidad y el ritmo endiablado de los acontecimientos han hecho que parezca hace un mundo de aquella sorpresa que representó la eclosión de un partido nuevo con una representación tan sorprendente que rompió todos los cálculos de los entendidos en política.

La sorpresa dio lugar a la ilusión para muchos pero al miedo y al ataque en otros, dentro de unos años se estudiará el fenómeno que ocurrió en las universidades, una estrategia maestra para animar a los desencantados con la política a que fueran a votar.

Por una vez parecía que el pueblo tenía representantes, o mejor dicho, por una vez los de abajo se unían para llegar a la poltrona que ocupan desde la transición los de arriba.

Los meses han ido pasando y ese ataque certero ha demostrado que el acierto en primer momento se ha convertido en un desinflamiento progresivo, no solo en votos, sino parece que en energía de un partido que ha demostrado tener una irregularidad una vez finalizado el factor sorpresa preocupante. Pasamos de ver a Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero todos los días a ir cediendo a segundos espadas el protagonismo, más tarde vimos como Monedero se apartaba y dejaba de tirar de la locomotora morada.

Las elecciones municipales nos enseñaron que la ilusión y la fuerza de las caras nuevas podían seguir dando frutos, ahí tenemos a Ada Colau en Barcelona o Manuela Carmena en Madrid por poner los dos ejemplos más sonados, pero desde Santiago a Cadiz hay ejemplos variados de como se podía mover a la "casta" del poder.

Ese impulso parecía que podía aupar al partido cara a las elecciones generales pero sin saber si hay una causa específica o es un global lo cierto es que los alcaldes de esas plataformas han preferido centrarse en sus respectivos municipios o comunidades autónomas que en apoyar a la formación morada.

A esto le sumamos una falta de protagonismo cada vez mayor de los círculos junto a la menor participación que parece estar desencantada.

Muchos dicen que la bofetada de realidad que Syriza ha tenido en Grecia con su lucha infructuosa contra la Unión Europea ha tenido que ver, parece que las ganas de cambiar el sistema se están sino apagando sin debilitando y los electores que llegaron a poner a Podemos como principal rival del Partido Popular por llegar a la Moncloa, parece que pueden dejarle en diciembre con suerte a la altura que Julio Anguita llegó con IU, poco resultado para tanto ruido, o el partido reacciona o puede ser demasiado tarde.

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