Mañana se dará el pistoletazo de salida para la carrera electoral del 20D. Se abren así dos meses que se presentan apasionantes debido a lo incierto del resultado final y a la aparición de los dos partidos emergentes que tienen aspiraciones de entrar fuerte en la Cámara Baja: Podemos y Ciudadanos. Da la impresión de que el partido de Albert Rivera ha cogido ventaja este último mes sobre la agrupación que dirige Pablo Iglesias tras el rotundo éxito de las Elecciones catalanas y de la aparente victoria del líder de Ciudadanos en el debate informal que Jordi Évole preparó en Salvados, pero lo cierto es que todo apunta a que será la campaña electoral quien dictamine definitivamente quién quedará por encima de quién y si podrá formar Gobierno o coaligarse con alguno de los dos grandes para permitir la gobernanza en la legislatura.

Por el momento hoy Albert Rivera se ha dado un baño de masas junto a los suyos en la explanada del Templo de Debod, muy cerca de la sede central del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid.

Una lucha feroz hacia La Moncloa

El PSOE trata de marcar terreno, realizando promesas que para muchos viejos socialistas suenan a antiguas y manoseadas y que para otros supone la vuelta al izquierdismo del partido cuyo secretario general y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, se la juega tras las distintas polémicas en torno a la confección de las listas y el affaire Irene Lozano. Aparentemente conjugado el riesgo de que Podemos les gane por la izquierda, ahora el peligro potencial que se presenta es que Ciudadanos les robe los votos de centro necesarios para sorpassar al Partido Popular como grupo más votado en los sufragios.

De no conseguirlo y en caso de formar gobierno con la formación naranja o con Podemos la polémica y la carne de revuelo mediático estará servida para los poderosos grupos de comunicación conservadores de España.

El Partido Popular se agarra a lo que tiene que puede resultar apetecible y “votable” para sus electores.

Presentar el mensaje de una recuperación económica imparable, postularse como única opción “creíble y con experiencia de gobierno capaz de sacar el país adelante” y apelar al miedo, al mensaje ya recurrente del partido conservador de que si no ganan con la mayoría suficiente sería el caos y el retorno de la debacle económica a España.

A día de hoy es difícil saber la situación real y las expectativas de voto por las que atraviesa Podemos. Las encuestas marcan un declive para Pablo Iglesias y los suyos pero si existe un político en nuestro país aún capaz de emocionar a sus votantes fijos y atraer a algunos desencantados con la situación del país ese es el secretario general de la formación morada.

Lo que sí parece cierto, en esta campaña incierta, es la situación más que espinosa por la que atraviesa UPyD y la muy complicada de Izquierda Unida. La formación magenta, cuyo electorado parece haber sido fagocitado por Ciudadanos en su totalidad, corre el riesgo de desaparecer del espectro político español mientras que la coalición izquierdista del joven Alberto Garzón parece salvar apenas los muebles con un 3% de voto que les dan las encuestas en este momento, pero si Podemos consigue reencontrarse con su electorado más izquierdista corre también serio riesgo de convertirse en extraparlamentario en esta legislatura.

De la suerte de otras formaciones (Vox, PACMA…) dependerá de la habilidad de sus líderes de movilizar electorado todavía indeciso o de capturar algún voto reticente que podría acabar en sus filas.

En cualquier caso la carrera hacia la Moncloa se prevé emocionante, quizás la más interesante de la historia de la democracia española desde el año 1977. Y los resultados obtenidos por cada partido marcarán un antes y un después en la historia política de nuestro país.

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