Estamos en campaña electoral, quizás la más importante de las últimas décadas, aquella que decidirá el futuro de España durante los próximos cuatro años, y quién sabe si los resultados decidirán también más cosas. En el aire político se respira tensión y nervios.

El partido en el Gobierno, el Partido Popular de Mariano Rajoy, afronta una época realmente dura para su aspiración de reanudar su mandato. Esta legislatura ha sido una auténtica prueba de fuego para lo que era hasta la fecha una cohesión férrea e irrompible y cuando han venido mal dadas algunos han dejado escuchar su voz criticando la política del partido como el ex-presidente AznarCiudadanos, otros han desertado como Arantza Quiroga y también hay algunos, como el ministro de Economía Luis de Guindos, que aseguran que se desvincularán del Gobierno en la próxima legislatura.

Los recortes, las declaraciones desafortunadas, las catastróficas y contraproducentes campañas de marketing en el Congreso de los Diputados, el riesgo de que Ciudadanos les coma el electorado más joven y sobre todo la corrupción ha hecho mella en un Ejecutivo que acusa el cansancio y que no consigue animarse ni entre los aplausos de su tribuna en la Cámara Baja.

De puertas para afuera, su imagen es la de un partido desconcertado que no entiende como ahora una parte tan grande de la sociedad le rechaza cuando hace apenas cuatro años le concedió la mayoría absoluta. De puertas para dentro hay quien asegura que el “ruido de sables” que comenzó hace tiempo es cada vez más difícil de ocultar. Y mientras tanto, una campaña electoral que parece llegar en el peor momento.

Parece irrisorio recordar que en enero muchos pensaban que 2015 sería un año relativamente plácido para el Partido Popular y su gobierno.

Azuzar el miedo a la izquierda por toda Europa

Todas las estrategias que el Partido Popular ha intentado hasta la fecha parecen haber fracasado estrepitosamente. Ni el consabido mensaje de la recuperación económica, ni la bajada del paro, ni la “estabilidad de un gobierno fuerte” pareció convencer a una mayoría lo suficientemente fuerte de españoles “muy españoles y mucho españoles” que diría Rajoy, para conservar el poder autonómico y municipal que adquirió cuatro años atrás, con derrotas sonadas y cuyas heridas aún sangran como la de la alcaldía de Madrid.

Por eso una de las últimas balas del partido parece ser azuzar el miedo. También es algo que ya hemos visto durante el período de auge de Podemos, pero ahora supera las fronteras del partido morado de Pablo Iglesias para concentrarse en toda la ideología izquierdista.

La secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, ha pedido hoy en el Congreso del PPE (Partido Popular Europeo) que se celebra en Madrid que lleven a sus países el mensaje de que “la izquierda es despilfarro, populismo, gobierno de la nada” y que en el caso de que triunfe “volverá el paro, la recesión, la desconfianza y la inseguridad

De este apocalipsis en toda regla sólo nos salvarán los partidos conservadores europeos, según las palabras de Cospedal, ya que “la garantía de la seguridad, del futuro, del crecimiento, de la sociedad del bienestar, viene de la mano del PP en toda Europa, esto es así, y tenemos que hacérselo ver a nuestros ciudadanos

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