La coalición de Artur Mas depende de las cocurrencias de la CUP para formar gobierno.

Al margen de que exista un objetivo más o menos realista o realizable de independencia en Cataluña, y que parte del electorado lo apoye de manera mayoritaria, hay muchas otras cuestiones que preocupan al ciudadano, son esas que influyen en su bienestar, en su presente y en su futuro. Es muy fácil ser anti-sistema cuando existe un sistema al que apedrear, pero cuando eres parte del mismo y sigues con el antifaz y el tirachinas, terminas por dejar tu casa en la ruina.

Es lo que tiene presentarse a unas elecciones y que te voten, ya no estás al otro lado, y no se pueden cambiar las cosas desde dentro a golpe de demagogia.

Desobedecer puede molar, pero cuando las empresas caigan en la cuenta de que Cataluña se ha convertido en Ok. Corral se irán en busca de un horizonte más tranquilo, no es falta de patriotismo catalán, es, simplemente hacer uso del sentido común.

Creer que las inversiones extranjeras seguirán llegando a Cataluña con una administración anti-sistema es "soñar pimientos", frase muy catalana y que resume a la perfección la incoherencia de la situación actual de la coalición Junts Pel Sí, que busca una manera de sacar adelante sus planes de futuro buscando el apoyo de los que tienen por consigna "no hay futuro".

Porque la cantera de la que se alimenta la CUP no es precisamente un manantial de tolerancia y de ideas renovadoras, sino más bien la consecuencia de una sociedad que padece una fuerte crisis de valores (la española en su conjunto).

¿Alguien se imagina al titular de un consulado en Barcelona preguntando al presidente del Parlamento por la línea de su acción de gobierno, y que le conteste: montar un buen pollo?

El futuro del pollo suele ser el asador. Como dijo Maurice Talleyrand: “las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas”, pero no es fácil escarmentar en cabeza ajena y el partido anti-sistema que tiene la llave de la presidencia de la Generalidad pretende que toda la sociedad civil de Cataluña se siente encima de ellas.

Como suele ocurrir cuando los resultados son apretados, una minoría con poco que perder condiciona la acción de gobierno (como siempre han hecho los nacionalistas en el parlamento español) ahora toca recibir un poco de su propia medicina. ¿Salir de España es salirse de la Unión Europea también? es lo que propone la CUP, cuestión resuelta.

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