El pasado mes de junio, el Ministro de Industria del Partido Popular, Jose Manuel Soria, presentó el borrador del Real Decreto de Autoconsumo mediante el cual se plantea el cobro de impuestos por el autoconsumo energético. En otras palabras, los ciudadanos españoles que opten por autoabastecerse energéticamente con placas solares, deberán pagar unos impuestos por “el consumo de la red”, así como por su propia producción de energía solar. A todo ello se suma el coste de la instalación de las placas, que no están subvencionadas al 50% por el gobierno, como se hacía hasta hace unos años con la intención de incentivar el consumo de energías renovables.

La propuesta de Soria fue rechazada por el Consejo de Estado, y su revisión fue pospuesta hasta septiembre con la obligada rectificación de diversos puntos. Así, el Consejo argumentaba que el texto propuesto por el Ministerio era totalmente inviable, puesto que vulneraba la Ley de Ordenación de la Edificación 38/1999, según la cual el autoabastecimiento es del todo permisible, y contribuye al sostenimiento y mejora del medio ambiente.

No obstante, el Consejo de Estado finalmente ha aprobado el borrador presentado por el ministro, y se espera que este dé el visto bueno a la rectificación de su propuesta a principios de octubre, dando lugar al comienzo de las respectivas consecuencias para con los autoconsumidores de energía fotovoltaica. En el sitio web de Greenpeace se reserva una sección para todos aquellos que quieran firmar contra esta nueva regulación estatal.

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El autoconsumo eléctrico no sólo es una alternativa frente a la gravedad de la situación económica de los españoles y una forma realmente efectiva de generar energía eléctrica eludiendo la contaminación, sino que también supone un gran vehículo para reducir la dependencia energética exterior, para beneficiar la competitividad entre las distintas empresas y para contribuir al aumento de empleo. Es por ello por lo que cualquier propuesta o modificación de la ley debería tener como objetivo favorecer esta praxis, y no dificultar su desarrollo y además vulnerar las Directivas Europeas de Eficiencia Energética y de Fomento de las Energías Renovables, como pretende nuestro ministro de industria.

Cobrar impuestos por el sol es tan injusto como ridículo, tan innecesario como risible. La propuesta ya aprobada resulta tan ilógica como cobrar a los ciudadanos por cada rayo de sol que toman en la playa. Un 'impuesto al sol', como si acaso no fuese un bien gratuito y abundante, como si acaso fuese el gran astro propiedad legal del gobierno español, y no de la naturaleza.

Ya poco queda por cobrar a los ciudadanos de este planeta, que pronto deberán pagar por respirar del aire libre. Y vendrá Jose Manuel Soria a instalarnos un microchip en el entrecejo, un contador de aire que registre cada molécula de oxígeno en nuestras fosas nasales. La ciencia nos regala una maravillosa caja metálica con la que retener un pedazo de sol, ese elemento inmenso, inabarcable y tan agresivamente poderoso. Y ahí siguen los más codiciosos, pretendiendo convertir un dios en esclavo.