Que en un Estado de derecho ningún dirigente ni gobierno autonómico pueda saltarse el ordenamiento jurídico ni ir contra la Constitución, como ha aclarado recientemente Juan Marín -candidato de Ciudadanos a la Presidencia de la Junta de Andalucía- parece de perogrullo, pero ¡ay, estamos en España! Y ya sabemos todos que Spain is different.

En las últimas horas hemos podido comprobar lo que hemos estado esperando pasivamente desde hace décadas: cambios reales en nuestra política. Ante la rabieta independentista de Artur Mas, quien ampara sus exigencias bajo el manto protector de la democracia, al mismo tiempo que su gobierno incumple deliberada y sistemáticamente las sentencias que le son desfavorables del Tribunal Constitucional, Ciudadanos ha presentado en todos los parlamentos en los que tiene representación una moción por la defensa del proyecto común español a raíz del desafío independentista de Mas.

Una iniciativa que corre en paralelo a la reforma que el PP quiere impulsar para que se pueda sancionar a los dirigentes políticos que desacaten las sentencias y vayan por libre; una reforma que al PP no se le ocurrió el 9-N, cuando dejó a gran parte de la ciudadanía catalana en la cuneta.

Junto con el Pacto Nacional por la Educación (formulado por primera vez en nuestra historia democrática) y la propuesta de unión constitucionalista entre C's, PP y PSC (además de pedir su apoyo a Podemos) de cara a las próximas Elecciones catalanas (y que el PSC en su viaje a ninguna parte no ha tardado en rechazar), es Ciudadanos el único partido nacional que aspira y así lo manifiesta, no sólo a un cambio real y sustancial en la forma de gobernar España, sino a una unión del mayor número posible de españoles.

El de Cifuentes es otro ejemplo de la presión que C’s está ejerciendo en los partidos tradicionales, consiguiendo la eliminación del Consejo Consultivo de Madrid, que servía para ofrecer sueldos vitalicios de 5.550€ mensuales a excargos como Leguina y Gallardón por sus informes no vinculantes y que supondrá un ahorro de 2’3 millones de euros anuales a los madrileños.

Convencidos de que la unión hace la fuerza, Ciudadanos se ha erigido como el único partido capaz de mirar más allá de cuestiones partidistas, revanchas y discursos trasnochados de asaltos y castas entre habitantes de un mismo país. Otros, se mantienen laxos en su defensa de la unidad territorial o no se atreven a condenar el terrorismo de ETA por temor a sus socios… En fin, lo que viene siendo un recambio.

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