Un líder siempre tiene que estar ahí. Un líder es como el capitán del un barco que debe ser el primero en dar la cara, el último en abandonar el barco. Sin embargo, ante los resultados de las elecciones catalanas, el Presidente Mariano Rajoy, lejos de mostrar algo de simpatía por todos aquellos que le alzaron hasta su cargo, ha decidido tirarse al agua con el barco aún en pie aunque lleno de agujeros y yunques muy pesado, que sin duda no sabemos si aguantarán hasta las elecciones de próximo Diciembre.

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Mientras Albert Rivera de C’s daba un maravilloso discurso desde Barcelona ante las cámaras por los resultados conseguidos por Inés Arrimadas en las elecciones Catalanas al conseguir veinticinco escaños para su partido. Mientras hacía también lo propio, aunque desde Madrid, el dirigente del PSOE Pedro Sánchez. Mientras unas de las elecciones que han creado más controversia dentro del panorama político a nivel nacional. ¿Dónde estaba el Presidente de España? ¿Durmiendo? ¿O dormido?

 

Está claro que el monumental batacazo que ya preveía el hasta ahora Presidente de España, le ha hecho hacer un mutis por el foro de lo más escandaloso.

 

Su partido, el Partido Popular, ha caído en picado en votos, en confianza, en discurso mínimamente coherente al igual que político. Su pésima intervención en el programa de radio de Carlos Alsina antes de las elecciones, apostando de nuevo por la política del miedo y agudizando la pérdida del sello “indentitario” español y por tanto Europeo, no se lo había estudiado como debía. Es por eso que una vez más, su ineptitud para solucionar los problemas del país, quedó francamente clara.

 

Mientras el discurso popular de soberbia impertérrita e inmovilistas sigue siendo el mismo: ‘“Mañana sigue todo igual" y Gobierno "no consentirá" la independencia”’.

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Mientras tanto desde la Sede de la Calle Génova lo único que les preocupa detrás de las cámaras y cuando creen que nadie los escucha, es que la política del miedo ya no asusta. ¡Ha fracasado! Eso… ¿A qué se debe? A que ya no hay nada ni nadie que puede evitar que la fortaleza de un pueblo se manifieste, de forma democrática y legal, con su voto en contra de un gobierno que no ha estado nunca a la altura de las circunstancias que un país como España necesitaba al frente de su rumbo.

 

Ya no les servirán eslóganes como aquellos de si tú no vas, ellos vuelven.

Ya no les valdrán excusas de no entenderse ni su propia letra cuando delante de las cámaras de televisión, alguien le pregunte por el futuro del país. ¡Han perdido el norte! Y sobre todo, su único discurso válido hasta ahora: “El poder del miedo”.