Manuela Carmena y Ada Colau todavía llevan unos pocos meses en el cargo. Si alguien esperaba que iban a un giro de 180 grados a las ciudades y que tornarían del gris del asfalto a un verde multicolor tendrán una gran decepción, la de quienes no tienen los pies en la tierra.

Las dos vienen de dos mundos diferentes, pero han tenido una visión común, la de intentar que por una vez se apueste por unos consistorios que de verdad tengan en cuenta a todos los vecinos y no solo a las clases más acomodadas. Tanto una como otra se han tenido que topar con un ejército de leyes y reglamentos que más de una vez ha tenido como resultado tener que echar "marcha atrás" o modificar ciertas medidas.

Los detractores tienen muy fácil el trabajo, saben del imposible que es cambiar la sociedad en unos meses o incluso en un mandato y todo lo que falle (y que tantos años ha fallado con otros partidos) será objeto de crítica mezquina, sin embargo en algunos temas los críticos van a tener que callarse y al menos guardar sus armas dialécticas para otro momento.

El conflicto sirio y las penosas imágenes que estamos viviendo en estos días estaban día a día golpeando a la realidad de una sociedad occidental que está acostumbrada a oír hablar de muertes y de atentados a miles de kilómetros. Los desplazados en busca de una vida mejor y que huyen de la pavorosa guerra civil en Siria.

En nuestra civilización contemporánea y desde hace ya varias décadas, las imágenes o las fotos pueden llegar a tener un efecto simbólico.

Esto ha pasado con el niño sirio que hemos podido ver estos días muerto en la orilla y que ha resultado ser el símbolo que ha valido para despertar la conciencia social de un mundo cada vez más frío, en el Vietnam ocurrió lo mismo con aquella instantánea de una niña quemada corriendo desnuda ante el terror de la barbarie bélica...

Nuestro gobierno como muchos, ha estado estos últimos días intentando "escaquearse" lo máximo posible de un tema tan importante como es dar cobijo a los refugiados sirios. La lentitud y las dudas seguían instaladas mientras se agolpaban en la estación de Budapest o en los campos de Hungría o los Balcanes miles de personas aterrorizadas y luchando por sobrevivir.

La respuesta ética y social ha tenido que venir primero de los movimientos populares o mareas que han sido las primeras organizaciones en apostar por la mayor comprensión y ayuda a estos refugiados. Ada Colau y Manuela Carmena con diversas iniciativas como facilitarles alojamientos o con partidas presupuestarias detalladas (10 millones de euros destinará el ayuntamiento madrileño).

Ayer Mariano Rajoy visto la sensibilidad de occidente y como no, la de la sociedad española ya hablaba de un diálogo para aumentar esas cifras... ¿curioso no? las elecciones parece que ablandan incluso a los fríos de corazón ¿o han sido las imágenes o la foto de Aylan el pequeño niño muerto en la playa? sea como fuere, ayudemos a quienes de verdad lo necesitan.

La izquierda de verdad ha vuelto a ser la primera en reaccionar.

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