El aborto es uno de los asuntos más polémicos en las sociedades actuales, en todo el mundo, desde hace ya unos años. Básicamente hay dos posturas, completamente irreconciliables, al respecto. Por un lado, los feministas y progresistas en general entienden que la maternidad no debe ser una obligación y que, por tanto, el aborto debe ser un derecho de las madres, a las que, en cualquier caso, no se les puede criminalizar por abortar.

Por el contrario, los colectivos pro-vida y antiabortistas entienden el derecho que hay que proteger es el sagrado derecho a la vida del nasciturus, a quien consideran ser humano de pleno derecho desde el momento de la conecpción.

 Estas posiciones tan radicalmente enfrentadas son tan irreconciliables porque, en muchos casos, más que una cuestión de opinión o política, el posicionamiento de cada cual suele responder a creencias religiosas.

La legislación sobre el aborto vigente en España hasta hoy fue aprobada por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, con la oposición visceral de las religiones y de sus fieles (como en el resto del mundo) y la oposición frontal del Partido Popular, que no sólo se opuso políticamente en las instituciones, sino también en la calle encabezando multitudinarias manifestaciones e incluso presentando recurso al Tribunal Constitucional.

Por eso es completamente incomprensible que el PP ya en el gobierno haya tardado casi cuatro años en modificar, mínimamente, una ley contra la que tanto se opuso, que lo haya hecho con la legislatura ya casi acabada y que su modificación consista sólo en prohibir que las chicas de 16 y 17 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres o tutores.

La principal "víctima" política de esta historia fue, precisamente, Alberto Ruiz Gallardón,nombrado ministro de Justicia con el encargo de modificar la ley de aborto socialista y que dimitió porque no le dejaron llevar a cabo su proyecto de ley, por supuesto, mucho más restrictivo que el aprobado hoy.

De todos los incumplimientos electorales del PP, sin duda, este es el más sangrante y escandaloso, porque no tiene ninguna excusa ni pretexto defendible, salvo la cobardía de un partido político instalado en la mentira permanente como forma exclusiva de actuación política.

Porque aquí no es que a Tsipras le obligue Europa a envainársela, o que Merkel obligase a Zapatero a reformar la Constitución o que Rajoy tuviese que subir los impuestos que había prometido bajar "porque no tenía más remedio".

Esta es una cuestión de principios en la que ningún organismo ni europeo ni internacional de ningún tipo obliga a nada, ni tiene ningún coste económico que impida llevar a cabo las promesas electorales. Simplemente que Rajoy engañó al electorado prometiendo lo que no pensaba cumplir. O que simplemente Mariano Rajoy es un cobarde sin más ideología que lo que le dicen sus asesores demoscópicos que conviene en cada momento.

Ha pasado lo mismo que con el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, de cuya aprobación se cumplen ahora diez años, con la misma virulenta oposición del PP, entonces en la oposición, que con el tema del aborto. Sin embargo hoy, a escasos meses de terminar la legislatura, el gobierno del PP, con mayoría absoluta en el Congreso, no ha movido un dedo para mover una coma de aquello contra lo que tanto "luchó" estando en la oposición.

 ¿Cobardía, incoherencia o simplemente falta de auténticas convicciones morales?. Pocos meses faltan para que electorado juzgue.

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