Quede claro, en primer lugar, que ignoro completamente las causas del enfrentamiento entre el concejal Pedro Soriano, a quien personalmente no conozco de nada, y Ciudadanos, por tanto me abstendré muy mucho de tomar partido por el uno o por los otros en la polémica que ha llevado a la expulsión del partido al que se ha convertido en el primer concejal tránsfuga del ayuntamiento de Albacete en mucho tiempo, con el récord añadido de que se ha convertido en tránsfuga a los muy escasos días de haberse constituido el nuevo Ayuntamiento tras las Elecciones.

Porque además el motivo y el proceso que ha llevado a esta situación es tan absurdo que parecería que tanto el uno como los otros han buscado esta situación a propósito.

El motivo oficial de la expulsión del concejal díscolo es que en la sesión de investidura del nuevo alcalde de Albacete, Pedro Soriano votó en blanco, mientras que la consigna de Ciudadanos, que cumplieron los otros tres concejales del partido, fue abstenerse.

Visto desde fuera y sin conocer el trasfondo que, sin duda, debe haber en la historia, poco motivo parece para expulsar al alguien de un partido el que votas en blanco en vez de abstenerse, que al fin y al cabo es lo mismo. Como también es curioso el que un concejal se empeñase en votar en blanco en vez de abstenerse, arriesgándose a la expulsión.

La situación tiene consecuencias para el Ayuntamiento de Albacete, actualmente gobernado por el PP con diez concejales (gracias a la abstención de Ciudadanos -en cuyo grupo quedan tres concejales- y al voto en blanco de Pedro Soriano) y en la oposición quedan ocho concejales del PSOE y 5 de Ganemos.

De momento, no cambiará la alcaldía, Pedro Soriano no suma a PSOE y Ganemos lo suficiente para promover una moción de censura mientras no se uniese a la misma Ciudadanos, pero sí que cambia significativamente la correlación de fuerzas para la gestión del Ayuntamiento.

A partir de ahora, el presumible 14 (PP + Ciudadanos) / 13 (PSOE + Ganemos), se convierte en un 13 / 1 / 13, en el que parece claro que quien tendrá la "sartén por el mango" de la gobernabilidad municipal de Albacete será, precisamente, Pedro Soriano (el uno).

Para poder llegar a entender la situación tal vez será necesario saber que la organización de Ciudadanos en Albacete no está normalizada, pues el partido de Albert Rivera, en Albacete, está gestionado por una Comisión Gestora, tras el cese de su dirección local, previamente a la confección de las listas electorales.

Aquí sería donde habría que buscar las verdaderas causas de lo ocurrido.

Lo que también demuestra esta situación es que las elecciones municipales son, precisamente, las que más dificultades presentan para los partidos emergentes, pues hace falta una gran organización nacional, y consolidada, para poder presentar candidaturas solventes en todo el territorio de un país tan grande y con tantos municipios como España.

Podemos, la otra fuerza política emergente, lo tuvo más claro y no se presentó, como tal, con sus siglas, a las elecciones municipales, su estrategia ha sido apoyar candidaturas de cuyos triunfos puede presumir sin afrontar los riesgos de los fracasos. Ciudadanos, tras la ruptura definitiva con UPYD, sí se ha arriesgado, ha confeccionado candidaturas, en poquísimos meses, cuyos miembros era materialmente imposible tener plenamente controlados.

Lo ocurrido en Albacete puede ser un ejemplo de muchos casos que pueden estar por suceder en esta legislatura.

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