Los candidatos a la presidencia de Andalucía del PSOE, Susana Díaz; del PP, Juanma Moreno; y de IU, Antonio Maíllo, se han enfrentado en RTVE en un debate conducido por María Casado, usando discursos ya oídos en ocasiones anteriores y que no sorprenden a nadie. Los políticos han coincidido únicamente en la necesidad de cambio, aunque cada uno asociándola a su propio partido.

El programa se ha dividido en tres bloques, afrontando los problemas económicos, la corrupción y los servicios sociales, con un tiempo de 7 minutos por candidato en cada uno de los temas tratados. El sabor que deja el encuentro es que Díaz estaba nerviosa e irascible, y ha recibido llamadas de atención de la moderadora por interrumpir constantemente a sus contrincantes.

Por su parte, Moreno recurría a documentos gráficos para respaldar sus declaraciones.

Por norma, los representantes del PP y del PSOE se han cruzado acusaciones sin dejar claro cuál es el programa que presentan, mientras Maíllo les pedía que saliesen de "la dinámica de las puyas y den soluciones".

En cuanto a la economía andaluza, se han centrado en el problema del paro, con recriminaciones a Susana Díaz, a quien Moreno ha denominado "la presidenta del paro" y ha echado en cara que no pueda evitar hablar de lo que ha hecho Rajoy, mientras dirige la comunidad con más parados de Europa.

El impuesto de sucesiones ha sido otro objeto de debate, en el que Moreno ha quedado por encima al comprometerse a no conformarse con bajarlo, sino eliminarlo completamente.

Por su parte, el tercero en discordia apuntaba que "el debate no debe estar en subir o bajar los impuestos, sino en quién paga impuestos".

Al hablar de la corrupción y recordar el caso de los ERE, Susana ha recurrido al sentimentalismo con una historia sobre su padre, repitiendo varias veces que no iba a caer en el "y tú más" si no dar ejemplo creando total transparencia y haciendo hincapié en la prevención; pese a lo cual, unos minutos después no podía evitar enumerar Madrid, Valencia, Baleares y Cataluña para demostrar que Andalucía no es la única comunidad con problemas de este tipo.

El candidato de IU se ha mostrado superior en este tema, a pesar de que durante su gobierno de coalición no ha sido capaz de solucionarlo.

Al llegar a la parte referida a los servicios sociales, el tono de los aspirantes se ha suavizado, aunque han continuado los reproches de ambos bandos, a los que se unía Maíllo recriminándoles que no tienen autoridad para hablar de políticas sociales y proponiendo el garantizar la luz y el agua a todos los andaluces.

En varias ocasiones, Susana Díaz justificaba las carencias de su gobierno autonómico con un ataque al central, argumentando que ha castigado a Andalucía por estar dirigida por la izquierda. Cuando se discutía sobre la educación pública, Maíllo aprovechaba la ocasión para reivindicar la educación política, haciendo alusión al comportamiento que la socialista ha tenido durante todo el programa.

Una vez más, el debate quedaba reducido a achacar los problemas al de enfrente sin dar posibles soluciones. No deja de sorprender que la presidenta base su alegato en que "el cambio es posible" y pretenda convencer de que, aunque no lo ha hecho durante su primer mandato, si es reelegida sí lo va a conseguir porque "lo mejor está por llegar".

IU se postula a sí misma como la izquierda real y los populares aseguran que son el único cambio posible, dando a entender que si no ganan Andalucía no saldrá de la dinámica de pactos.

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