Son las 11.30 del mediodía del primer lunes de marzo. La plaza del Ayuntamiento ya muestra todo su color a mascletà, el sol abrasante típico de Fallas asoma desde hace unas horas y las aceras ya están llenas de sillas a pesar de que el espectáculo no empieza hasta las dos de la tarde.

Debajo del Ayuntamiento una hilera espera para ver aparecer a Rita Barberá en el balcón, y justo enfrente, con un aire muy distinto, un grupo espera que sea la Alcaldesa quién les vea a ellos. Sin impórtales si explotan o no los petardos, el grupo Sillas Contra El Hambre de Valencia se reúne en el mismo sitio cada lunes para reivindicar los derechos básicos de todas las personas.

El movimiento defiende que en el mundo actual el empleo es intrínseco a la dignidad humana y que por tanto los gobiernos tienen la obligación de garantizarlo. Se concentran bajo la premisa de que "cuando se consigue superar la frustración que genera el desempleo, aparecen nuevas ideas y estructuración de la propia vida" y defienden sobre todo el derecho al trabajo, a un techo, al pan y la Renta Básica Universal.

Recogen firmas para mejorar la Ley de Dependencia, venden chapas con sus lemas y se presentan los unos a los otros. Lola es pensionista, los de enfrente están en paro, el joven acabó sociología hace dos años, ella es una estudiante que apoya la causa, este es un funcionario de empleo y sueldo… y el de al lado es Antonio, al que todos llaman el portavoz del grupo, aunque él asegura que sólo tuvo la iniciativa y que el trabajo es de todos.

Se detiene en explicar que la idea surgió de unos compañeros de las Marchas de la Dignidad que la llevan a cabo en varias ciudades y que su fuerza recae en que olvida las ideologías para defender a las personas. Hace hincapié en que el trabajo no puede ser un fin sino un medio, que la vida está para vivirla y que hay que diferenciar entre Estado y Gobierno, pues sea cual sea éste último, el Estado tiene unas obligaciones que debe asumir. Sus ojos azules esconden una vida larga llena de pequeñas libertades. Participa, como otros integrantes del grupo, en la Asamblea 15M de Algirós y ha formado parte de las dos marchas a pie de Valencia a Madrid.

"Lo primero que hace falta es información para desmontar mitos y empezar un nuevo proceso constituyente de verdad", asegura, "han querido que asumamos que la política no sirve para nada, pero todo lo que hacemos día a día es política y nos afecta", asegura. Por eso ahora ha aceptado la propuesta de Esquerra Unida de unirse a las listas del partido para la Alcaldía de Valencia. "Les he dicho que si voy lo hago como independiente, y me han dicho que sí, pero no me verás, estoy en la última fila", relata el portavoz con una media sonrisa.

Aseguran que nunca han tenido ningún problema con la policía por manifestarse, a pesar de que no tienen autorización: "Creemos en las protestas pacíficas pero es un despropósito que por exigir derechos básicos tengamos que pedir permiso", aseguran Antonio y Lola casi al unísono. Son ya las 12.30 y se empieza a notar "el caloret i l'ambient faller "mientras los integrantes de Sillas Contra el Hambre se mantienen firmes en sus sillas, con las cabezas y las pancartas en alto. Solidaridad, así definiría el grupo. Necesitamos gente comprometida con la desobediencia civil pacífica y con los derechos de todo el mundo, no sólo los nuestros o los de los parados", asegura Antonio que se despide describiendo que en la vida todo son vibraciones y que vivir es sentirlas.

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