Franco mantuvo intensas negociaciones con Hitler y el mariscal Pétain para la repatriación de tesoros artísticos y así poder rescatar la identidad nacional que tras múltiples expolios como los napoleónicos se había visto desdibujada. Era una maniobra en parte política y en parte movida por un interés real en el arte.

Francia quería la neutralidad española en la guerra (una neutralidad que no fue tal ya que hubo actuaciones parciales en favor de ambos bandos), entonces, España, sirviéndose de esa presunta neutralidad forzó el contexto de las negociaciones para la repatriación de los tesoros artísticos.

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Finalmente, en 1941 se consiguió recuperar mediante un intercambio gran parte de los tesoros expoliados (y comprados) con el Gobierno de Vichy y la inestimable cooperación del mariscal Petain. Un acuerdo desequilibrado a todas luces que evidenció la ventajosa posición española en la negociación.

Finalmente, el acuerdo incluyó. La Inmaculada Concepción (obra de Murillo), el Archivo de Simancas, una de las esfinges gemelas de El Salobral, las coronas de los Reyes Godos, varias piezas del Tesoro de Guarrazar y parte de los restos de las esculturas ibéricas de Osuna.

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Pero sin duda, una de las obras estrellas del intercambio, fue la Dama de Elche, obra que representaba la historia Ibera de forma previa a las invasiones romanas y musulmanas, hecho al que el caudillo le daba gran importancia en aras de recuperar la identidad nacional de la que tanto bebía su pensamiento.

Por otro lado, se entregó a los franceses un retrato de Mariana de Austria (obra de Velázquez), y un retrato de Antonio Covarrubias (obra del Greco).

En ambos casos, las obras estaban duplicadas, y se entregaron a Petain las que eran consideradas de menor valor o meras copias de taller.

Es interesante mencionar la historia detrás del cuadro de La Inmaculada, que era la patrona de la armada española y que fue expoliada por las tropas napoleónicas, concretamente por el Marical Soult, que se hizo con una colección privada de 300 obras .A su muerte, salieron a subasta, subasta donde pujaron por ella personalidades como Isabel II, Nicolás de Rusia y el Louvre, que hizo la más cuantiosa oferta hasta la fecha.

El hecho de desprenderse de ésta obra hizo que el Louvre rompiera sus relaciones con el Prado, ya que se sintieron ninguneados.

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