A la espera de las siempre polémicas estimaciones sobre asistencia, las imágenes del encuentro de los simpatizantes de Podemos, esta mañana de sábado, en Madrid demuestran que el partido de Pablo Iglesias, como parecen indicar las encuestas, sigue una tendencia alcista. No parece haber afectado al animo de sus seguidores las últimas acusaciones sobre actitudes improcedentes de varios de sus dirigentes como Monedero y Errejón e, incluso, es de suponer que para la mayoría de los seguidores más entusiastas de esta organización política, estas acusaciones sólo se tratan de una maniobra de la "casta" para intentar desestabilizar al partido y crear un clima de crispación que impida su victoria en las urnas en las próximas elecciones.

Observando las banderas que ondeaban en la concentración de Podemos de esta mañana y que pudimos observar en las imágenes emitidas por las distintas televisiones, uno puede alcanzar a entender el gran tirón de esta organización. Ya que, recientemente, Podemos se ha definido como una organización que no es de izquierdas ni de derechas, y que ha manifestado que la mayoría de los grandes problemas de este país, como la independencia de Euskadi y Cataluña o la decisión entre la República o Monarquía, se van a resolver a golpe de Referéndums, esta organización está funcionando como un cajón de sastre donde todo aquel ciudadano indignado o insatisfecho con las condiciones actuales del país tiene cabida. Obviamente, si uno fuera independentista o republicano la única oportunidad de cumplir sus expectativas sería la de ver al líder de Podemos habitando el Palacio de la Moncloa.

La verdad es que el panorama político español está salpicado de negro nubarrones y la decisión se vislumbra compleja. Por un lado, uno tendrá que decidir entre apoyar a los partidos de toda la vida, de derechas o de izquierdas, que han incumplido hasta la saciedad sus promesas electorales y que, con sus conductas corruptivas, han llevado al país a la crisis, no solamente económica, sino también de confianza o, por otro lado, apoyar a las clases políticas emergentes secundadas por sectores que lo único que persiguen es desintegrar la unidad de España.

Se ha dicho muchas veces que ¡España no es Grecia! Y eso es verdad, aunque Grecia lo tiene más "crudo" que nosotros desde el punto de vista económico, al menos los griegos saben lo que quieren, una Grecia unida. Que nos guíe la inspiración y que, gane quien gane, que podemos (perdón podamos) vivir en paz.

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