Mariano Rajoy ofrece 3 millones de empleos si lo votan, mientras que Sánchez en la gestión del PP no ve más que mentiras y destrozos.

El tradicional debate del Estado de la Nación, en este caso el último de la legislatura de Mariano Rajoy, al frente de Moncloa y del Partido Popular no ha tenido buenos modales, como es habitual brilló por su ausencia el respeto y el intercambio de ideas entre los parlamentarios, pero sí algunas medidas "electoralistas", que el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy lanzó al parlamento y a la ciudadanía española como si de un mitin político se tratara.

Estoy de acuerdo, nadie puede ni quiere negarlo, salvo los opositores al gobierno, que España ha comenzado a crecer económicamente, se espera un incremento del 2,4 % anunció Rajoy, y que, al menos, y por diferentes razones no únicamente económicas o que tengan que ver con las reformas laborales, la sangría del paro se ha detenido.

Dicho de otra manera, será porque no queda más población activa, porque los que han podido han emprendido actividades como autónomos, y también porque mucha gente joven al ver que en España no encontraba trabajo ha decidió emigrar.

Lo cierto es que a Mariano Rajoy, luego de tres largos años de gobierno con mayoría absoluta, recortando, ajustando y reformando a destajo, aún le quedan 4 millones y medio de parados en España.

A esto se ha referido, además de agradecer por los sacrificios de las clases medias y otros sectores económicos sociales que han sobrevivido a la crisis, y por supuesto a los terribles ajustes populares, cuando afirmó que su gobierno sería capaz de crear hasta 5 millones de puestos de trabajo por año, siempre y cuando la economía no se desmadre y los ciudadanos sigan votando, y claro, confiando a ciegas que el Partido Popular es la única manera de asegurar la estabilidad en España.

De este tema se ha encargado de desmentirlo Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista, que como jefe de la oposición, en un discurso también "muy para los suyos" y electoralista le recordó al Presidente del Gobierno su estrecha relación con un tal Bárcenas, de quien Rajoy parece haberse olvidado, el fraudulento tesorero del Partido Popular que financió obras del Partido en negro, que pagaba coimas a los empresarios en sobres, que estuvo preso, y que ahora, mientras Rajoy debatía con Sánchez sobre quién era más corrupto de los dos disfrutaba de unas merecidas vacaciones en Vaqueira, un centro de esquí para los millonarios que también lograron sortear a la crisis.

Con todo, además de otras promesas muy "populistas" y electoralistas , supuestamente en beneficio de los sectores menos protegidos de la sociedad, aquellos que no pudieron sobrevivir a la crisis y que hoy, y durante mucho tiempo seguirán postergados, el debate no trajo demasiadas sorpresas, salvo el exabrupto del Presidente Rajoy, al final del debate cuando tildó al líder del Partido Socialista de patético y le sugirió que "no volviera más por allí", como a un niño cuando lo expulsan de un club o de una escuela.

Vale la pena destacar que el "fantasma" de Pablo Iglesias, con Podemos aun sin representación en el Congreso, rondó durante varios tramos del debate. Para los Populares cuando Mariano Rajoy se refirió a las "ventoleras ideológicas" populistas, cuando las propuestas no le cuadran al Partido Popular, y también en varios tramos del discurso del discurso de Pedro Sánchez cuando se propuso como única fuerza alternativa a la receta reformista y liberal del Partido Popular.

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