Pablo Iglesias y Albert Rivera, dos políticos que no han cumplido los cuarenta. Líderes sobradamente preparados con expedientes brillantes, idiomas y con una capacidad de oratoria de bastante nivel. Podríamos decir que simbolizan un cambio en la clase política española. Un debate cara a cara con Rajoy o incluso con Pedro Sánchez les encantaría poderlo hacer. Quizás se sabrían vencedores de antemano, las encuestas tienen a un Pablo Iglesias como verdadera amenaza del bipartidismo imperante y Albert Rivera empieza a ver como su trabajo a pie de calle o en sus innumerables apariciones en Tv empiezan a seducir al electorado.

La televisión como nuevo expositor de líderes políticos. Esta nueva manera de utilizar a los medios para presentarse a la gente y hacerles llegar su mensaje, catapultó a Pablo Iglesias hasta tal punto que en las encuestas aparece como primera o como segunda fuerza política (según el medio que lo haga), es innegable que ha llegado para quedarse.

Quizás sea menos mediático o atraiga por el momento menos a la opinión pública el caso de Albert Rivera, este catalán de oratoria modélica (en Youtube hay ejemplos de su control sobre la misma) parece que con paso seguro y mucha apariciones en actos y en televisión, va ganando adeptos. En los últimos meses muchos de sus partidarios no se explicaban la razón por la que Ciudadanos no crecía de una manera más fuerte, ahora parece que la paciencia está dando sus frutos.

Los votos que una y otra formación recaban son del desencanto con la vieja política o con la "Casta", Podemos parece que sigue nutriéndose sobre todo de los que se cansaron de un PSOE, que cada vez tiene menos de obrero y de una IU que se ha mostrado menos unida de lo que sus siglas expresan. Algún ligero porcentaje de voto de descontento del PP les pertenece pero en menor medida.

Ciudadanos también bebe del amargor del ciudadano, en este caso sobre todo del centro derecha y de gente que quiere votar algo nuevo pero sin reminiscencias del pasado. UPyD representaba en cierta manera lo mismo, pero su candidata es una antigua militante del PSOE con lo que eso conlleva. Hace meses intentaron llegar a un acuerdo para unir fuerzas pero no llegó a buen puerto.

Las urnas decidirán el futuro de un país que tiene a dos líderes que gusten más o gusten menos representan el voto de descontento y de voluntad de crear una nueva manera de hacer las cosas. Si las encuestas no mienten, las próximas elecciones municipales y autonómicas pueden deparar muchas sorpresas, que podrían refrendarse en las generales. El pueblo más que nunca, decidirá. 

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