Es Navidad. Paz y amor... y reuniones familiares. Sin embargo, todo hace sospechar que la armonía familiar no será, precisamente, lo que presida en estos momentos a las dos primeras familias, por estatus, de España. Ni el nuevo rey, que se estrenará en su trabajo del discurso navideño con la lupa puesta en "a ver qué dice", si dice algo, de su hermana. Ni el presidente del Gobierno, al que su "familia" política está empeñada en no dejar tranquilo ni en Nochebuena. 

Si quisiéramos emplear un tono bromista podríamos decir que tres rubias peligrosas están amargando la Pascua a sus familiares y "compañeros".

Por un lado, Felipe VI, que está empezando su reinado empeñado en imponer medidas de austeridad y transparencia a su propia familia, se encuentra con que su hermana Cristina, a la que mantiene aún el título de Duquesa de Palma, que todavía no ha renunciado a sus derechos sucesorios a la Corona, ha sido imputada, por fraude fiscal, y tendrá que sentarse en al banquillo de los acusados. Sin duda un duro golpe para los esfuerzos de regeneración de la institución monárquica del nuevo rey.

Por su parte, nos imaginamos al presidente Rajoy repitiendo aquello de "¡Jo, qué tropa!", refiriéndose esta vez, de nuevo, a Esperanza Aguirre, acompañada hoy en las portadas por la muy imputada Sonia Castedo, ya ex-alcaldesa de Alicante, que ha tenido a bien regalar por Navidad a sus paisanos y a sus compañeros de partido su dimisión, ¡por fin!.

Lo de Esperanza Aguirre "¡Manda huevos!", que diría el otro. Solo dos años después de dejar la Presidencia de la Comunidad de Madrid, anunciando que dejaba la política activa, aunque conservando la presidencia del partido en la región, ahora se postula como candidata a alcaldesa, saltándose todos los protocolos internos del partido, lo que ha provocado la reacción del círculo próximo a Mariano Rajoy, presidente nacional del propio partido, que textualmente afirman que "el presidente no se dejará presionar".

Porque Aguirre acabará siendo candidata o no, pero, en cualquier caso, no era este ni el momento ni el procedimiento para postularse.

Porque el PP no es un partido en el que los candidatos se elijan en elecciones primarias. Si así lo fuese, cualquier militante, también doña Esperanza, tendría derecho a anunciar su intención de presentarse cuando y como lo estimase oportuno.

En el PP las designaciones son a dedo, es el partido el que decide quién es candidato y quién no. La señora Aguirre es ya reincidente en ir por libre y en no someterse muy estrictamente a la disciplina cuando a ella le afecta. También son públicas y notorias sus discrepancias con la dirección nacional del partido, encabezada por Rajoy. Probablemente estuviera ya decidida la candidatura a alcaldesa de Esperanza Aguirre (o tal vez no, que cualquiera sabe lo que pasa por la cabeza de Mariano Rajoy), pero el paso de ayer de la señora Aguirre coloca, una vez más, entre la espada y la pared al Presidente.

Por contra, un alivio ha debido suponer para Rajoy la dimisión, al fin, de la también indisciplinada contumaz, además de pluri-imputada, Sonia Castedo.

Otra que también se pasa lo protocolos del partido por el forro de sus caprichos. Que ha dimitido por el mismo procedimiento que lleva años haciéndolo todo, es decir, cuando y como le ha dado la gana. Lo ha hecho por Facebook, ciertamente un novedoso procedimiento de dimitir, y no antes de hacer un buen paquete de adjudicaciones a su gran amigo Enrique Ortiz. 

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