Comienza el mensaje de Su Majestad con el himno nacional y una bandera de España seguida de una recreación del Palacio de La Zarzuela digna de un mal salvapantallas de un ordenador de los noventa. Si pretenden dar un aire moderno al asunto, han conseguido más bien lo contrario, y además resulta irreal, mal comienzo. Sin embargo, el resto de la realización resulta impecable, todo encaja de manera limpia.

Desde el momento que entramos en el mundo real nos encontramos con el Rey Felipe VI sentado relajadamente en una butaca y enseguida olvidamos el horror del ciberespacio.

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No tarda el Príncipe, perdón, el Rey, en ponerse a la faena, y hay que reconocer que va al grano: crisis económica, problemas políticos y corrupción. "Las conductas que se alejan del comportamiento que cabe esperar de un servidor público provocan, con toda razón, indignación y desencanto", esta va a ser una de las frases más repetidas en los telediarios,"debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción", será sin duda otra.

"La lucha contra el paro debe continuar siendo nuestra gran prioridad", " debemos seguir garantizando nuestro estado del bienestar".

Se refirió a Cataluña explicando cuál es su lugar en la Nación dentro de la Constitución del 78: "Nadie en la España de hoy es adversario de nadie", proclamó con muy buena intención y siguió, plagiando el anuncio de Campofrio, contándonos las ventajas de estar unidos.

También se acordó de su padre, el rey Juan Carlos. En ese punto cambia el encuadre y aparece en el otro extremo de la estancia, y de manera muy forzada, la bandera española, un retrato de sus padres y un belén. Poco a poco, mientras el rey agradece a su padre y al pueblo la normal aceptación de la abdicación, el plano se normaliza y, haciendo un traveling del pasado al presente, se centra en su figura.

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A su derecha dos fotografías una con su mujer y sus hijas, y otra, en la que la reina Letizia apoya la cabeza sobre su hombro.

"Somos una democracia consolidada" con importancia en Europa y en el mundo, y con un gran futuro.           El rey se despidió deseando feliz Navidad en todas las lenguas cooficiales. Después el himno nacional, unas fotografías familiares y otra vez las horribles banderas recreadas por ordenador, ¿por qué?