Estados Unidos y Cuba han sido, desde mucho tiempo atrás, rivales irreconciliables. Representaron y representan modelos absolutamente antagónicos en cuanto a modelo de Estado y más todavía, en su concepción de la economía y la política en general. La guerra fría marcó el distanciamiento entre ambos países, después de imponer diferentes medidas que impedían la entrada de ciertos productos cubanos a Estados Unidos. Puede decirse que desde enero de 1961, USA estableció oficialmente un bloqueo comercial, económico y financiero sobre el país de los Castro que ha sido un lastre para la economía cubana durante todos esos años.

Este bloqueo ha sido condenado 23 veces por las Naciones Unidas y parece ser que posicionamientos como ese, además de ciertas presiones internacionales, van dando resultados encaminados a la mejora de las relaciones entre los dos países.

Ayer, 17 de diciembre, tras lo que habrán sido unas durísimas y discretas negociaciones, Barack Obama y Raúl Castro acordaron el inicio del levantamiento de dicho embargo y por tanto, el principio de lo que podría ser una mejora de las relaciones entre ambos países. Se trata de una noticia histórica, y es probable que precisamente por la importancia de la misma, los representantes de ambas naciones han intentado llevar a cabo el acuerdo con la máxima discreción y evitando cualquier posible filtración.

En ese sentido, es posible que hasta el momento de anunciar la decisión haya estado estratégicamente pensado. Es reseñable también que hasta el propio Papa Francisco XVI haya intervenido en la negociación a la que aludimos, lo que no hace más que incrementar la curiosidad sobre el cómo de dichas reuniones.

Desde su llegada a la Presidencia ya hace cinco años, el presidente Obama ha tenido siempre un perfil tendente al diálogo, y afirmó incluso su voluntad de mejorar relaciones con países teóricamente rivales. Se ha producido con él un cambio de perspectiva, y es que si lo que se pretende es precisamente un cambio de estilo en la isla, la idea de Barack no es tanto la de la marginación sino la de abrir la nación caribeña a nuevas influencias, estilos y maneras de pensar.

Así, a pesar de no estar de acuerdo con el régimen cubano, USA ha decidido modificar el enfoque pasando del castigo, a la posibilidad de influencia. Un cambio notorio que seguramente se irá notando con el paso del tiempo.

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