Las 9 de la noche es la hora en la que, como cada año, el rey de España traslada a los ciudadanos un mensaje televisado con motivo de la fiesta de Nochebuena. Este año, sin embargo, el interés era mayor que el de en otras ocasiones, pues era el primero que ofrecía el rey Felipe VI tras la abdicación de su padre Juan Carlos a principios del pasado mes de junio. También estaba el morbo añadido de saber si habría alguna mención a la situación de su hermana Cristina de Borbón, que hace apenas tres días supo que tendrá que declarar como imputada por el caso Nóos. Finalmente no fue así; algo más o menos comprensible ya que el mensaje siempre suele haberse grabado varios días antes de su emisión.

Como en cualquier relato, el rey estructuró su mensaje en tres claras partes: introducción, nudo y desenlace. Empezó agradeciendo a los españoles "por abrirme vuestras casas en esta Nochebuena", y sin más dilación arrancó con los que serían los tres ejes principales de un discurso de poco más de 12 minutos: la necesidad urgente de regenerar la política y acabar con la corrupción, la lucha contra la crisis económica y el problema del paro y la situación actual que se vive en Cataluña por el proceso soberanista.

En general fue un discurso bastante más tajante comparado con los últimos que realizó su padre. Felipe VI no ahorró adjetivos claros y contundentes a la hora de tratar todos estos temas. Sobre todo se mostró tajante en la corrupción, manifestando entender la indignación y el desencanto de los ciudadanos, para más tarde pronunciar la que seguramente fue la frase más importante de su discurso: "debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción". Defendió la necesidad de impedir "que esas conductas echen raíces en nuestra sociedad", dejando claro que la lucha contra la corrupción es un objetivo "irrenunciable", aunque matizó que "la gran mayoría de servidores públicos desempeñan sus tareas con honradez".

Tampoco eludió la que sin duda es una de las mayores preocupaciones de este país: el desempleo. Mucho menos eufórico que algunos dirigentes del PP, el rey recordó que los niveles de paro "son todavía inaceptables", un hecho que genera frustración a jóvenes y parados de larga duración. Pese a la triste realidad, Felipe pidió unidad para combatir la crisis. "El sacrificio y el esfuerzo de los ciudadanos durante toda la crisis económica exige que los agentes políticos, económicos y sociales trabajen unidos permanentemente en esta dirección, anteponiendo sólo el interés de la ciudadanía", exigió.

Por último, también quiso dedicar unos minutos a Cataluña recordando los valores de la Constitución y como ésta "reconoció el derecho de todos a sentirse y ser respetados en su propia personalidad, en su cultura, tradiciones, lenguas e instituciones". Apeló a los sentimientos y al valor de estar unidos en los momentos de dificultad. Aseguró también que, como él, millones de españoles "llevamos a Cataluña en el corazón", y que no en la España de hoy "nadie es adversario de nadie".

Los últimos minutos fueron para hacer una llamada a la esperanza y a confiar en el inicio de un tiempo mejor. También dedicó unos pocos minutos recordar el día de su proclamación como monarca y el discurso que hizo en el Congreso de los Diputados. Así concluyó el primer discurso navideño del nuevo rey, sin hablar de su hermana pero con toda una declaración de principios si nos fijamos en las dos palabras que más usó: esperanza y futuro.

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