En su primer discurso como Rey, Felipe VI realizó una síntesis bastante acertada del estado actual de la sociedad española. Sin sorpresas, elocuente, en un tono amable y sincero, entró de lleno en el "pantanoso" tema de la corrupción general que, hasta hace muy poco, parece campear a sus anchas en la clase política, y también en otros ámbitos institucionales como la misma Casa Real, con la Infanta Cristina,.hermana del Monarca, recientemente imputada por el juez Castro en el caso Noos.

De todos modos, al igual que el Presidente Rajoy, Felipe VI, al verse tocado tan de cerca por la insufrible corrupción en Casa Real, ha caído en el error de proclamarse en ejemplo de lo que "se debe hacer", en adalides de la moral y la honradez, sin antes reconocer que , o sin antes, realizar una "limpieza" a fondo de su propia casa; es decir sin manifestar ni una sola vez que la institución que ahora preside está entre los casos más sonados y que más dañan la credibilidad de una sociedad frente a la corrupción, puesto que es la que representa, al igual que el actual Gobierno y el Partido Popular, la idiosincrasia de los ciudadanos españoles; de alguna manera gobierno, partidos políticos y Casa Real, son las instituciones que nos representan y donde nos sentimos reflejados.

Como era de esperar, sin dar nombres, y sin involucrarse directamente en estos problemas que le tocan muy de cerca, como Jefe de Estado manifestó que "la corrupción debe ser cortada de raíz", y agregó que no se puede permitir que ningún funcionario público, a provecho del cualquier puesto institucional que desempeñe, obtenga beneficio alguno del mismo, ya sea por un ejercicio de poder que no le corresponde , o bien aprovechando sus contactos o influencias, supongo que en clara alusión a su cuñado Iñaki Urdangarín quien se encuentra a punto de ingresar en prisión precisamente por todo esto que el Rey Felipe anoche manifestaba.

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Casa Real

Entre otras declaraciones que habrá que analizar más detenidamente, como por ejemplo, la preocupación del Monarca acerca del grave problema del paro, y su reclamo a las empresas, o quizás, a la patronal acerca de la "necesidad de crear empleo de calidad", llamó la atención aquella frase -más de Pablo Iglesias que de Felipe VI-, de que "la economía debe estar al servicio de las personas". No me cabe duda de que se trata de un llamado del Monarca , o de un deseo tal vez, de una sociedad más inclusiva y solidaria con los que menos tienen, o con aquellos que por numerosas cuestiones se están viendo excluidos de aquel pasado "estado de bienestar" del que tanto se habló, y que en alguna medida se disfrutó en los tiempos de bonanza en Europa y en España.

Por último cabe destacar, sin duda en sintonía con todo lo que ha venido haciendo el gobierno, y como Jefe de Estado la dedicación que le prestó al tema del "separatismo" en Catalunya, uno de los párrafos más largos de todo el discurso. Felipe VI realizó un llamado a la unidad de España por encima de todas las diferencias y antagonismos, y hasta recurrió a un argumento "sentimental", si se quiere, para que ninguna comunidad o parte del territorio español caiga en la mala tentación de los "nacionalismo", abogando por un destino común para todos los habitantes del país; algo así como aquello que decía Tolkien en El Señor de los Anillos: "Un anillo para unirlos a todos".

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