El problema de Cuba y la inutilidad del embargo diplomático y comercial, que dura más de 50 años, se estaba debatiendo en el Congreso de EE.UU. durante muchos años sin resultado. Y de repente nos hacemos testigos de un paso inesperado de nivel e importancia histórica, ante todo para el pueblo de Cuba, y a nivel internacional. ¿Por qué Obama toma esta decisión al final de su mandato como presidente, a pesar de duras criticas en el Congreso y en plena confrontación con Rusia, la gran amiga del pueblo cubano? Rusia, que tras una década de cierto enfriamiento de sus relaciones con los Castro, acaba de volver a estirar la mano hacía la Isla Roja.

Resulta difícil creer que era sólo por la petición del Papa o por la importancia para EE.UU. de liberar a un espía suyo.

Hace sólo medio año el presidente ruso ha firmado el decreto que anula la deuda de Cuba a Rusia proveniente aún de los tiempos de la URSS, que subvencionaba su bastión centroamericano sin hacer cuentas. Rusia perdonó al régimen cubano unos 32.000 millones de dólares, que son el 90% de la deuda y reestructuró el resto aplazando el pago en 10 años.

Pero Putin no hace regalos gratuitos. A cambio, Rusia recibiría el acceso y la participación en la producción del petróleo en las costas cubanas, tendría el contrato firmado de la compra de varios cazas militares de un valor de 650 millones y, entre otros "proyectos" más, volvería a poseer la estación de radiovigilancia en Lourdes, a unos 250 km de los Estados Unidos.

El complejo pertenecía a la URSS pero hace años había sido abandonado por Rusia por falta de recursos para su mantenimiento y por la exigencia de los EEUU. Rusia estaba negociando su devolución durante varios años pero ha sido posible sólo después de "perdonar" la deuda.

Haciendo migas con Cuba, Argentina y Venezuela, todo parecía bien atado para Putin.

Pero de repente, en el otro lado del charco, Barack Obama proclama la ineficacia de las medidas forzosas en relaciones con otro país, la prevalencia de libertad, democracia y valores humanas y hace un giro de 180º hacia un aliado de su enemigo. Y lo proclama sólo 2 días después de firmar la aplicación de unas nuevas sanciones contra Rusia por su invasión de Ucrania.

Rusia, estando en el choque por el derrumbe de su divisa y con la economía sangrante, recibe otro golpe. Un jaque en el tablero de los grandes jugadores.

Putin paga pero Castro le da la espalda. Sólo Corea del Norte, Venezuela y Zimbabwe se quedan con él. Obama supo hacer amigos en el momento oportuno. Una jugada maestra matando a tres pájaros en un tiro. Las últimas preguntas que surgen son: ¿Por qué, para Estados Unidos, las sanciones resultan ineficaces para unos pero eficientes para otros? y ¿De qué color será la próxima revolución cubana?



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