La Cumbre del Clima que se está celebrando en Madrid es la gran cita, a nivel mundial, para trabajar el medioambientalismo, un oasis de ecología en medio de un pabellón rodeado de plástico y de CO2 en el emblemático IFEMA, a las afueras de Madrid. Los organizadores están preparando todo ante la llegada, en un par de días, de Greta Thunberg, la líder mundial del movimiento a favor de la lucha medioambiental. Eso sí, las críticas hacia la COP25 no han tardado en surgir.

Los organizadores de la COP25 han cuidado hasta el último detalle.

Menos, qué hacer con los residuos generados por los casi 25.000 usuarios que pasarán, cada día, por el famoso pabellón, tanto en la zona de la COP25, su cafetería o la carretera que lleva hasta IFEMA.

Varios países han hecho esfuerzos para presentar nuevas ideas con material reciclado

Los visitantes se encuentran con el gran letrero de bienvenida realzado en cartón piedra. Algo que debería ser lo esperado en IFEMA a lo largo de estos días: materiales reutilizados para poder formar el esqueleto de estructuras para una fecha histórica.

Por ejemplo, la delegación de Tailandia ha apostado por unas sillas que son capaces de aguantar hasta 220 kilos y que se han realizado con papel reciclado. Francia, por su parte, ha apostado por un stand realizado con tubos de cartón.

Las botellas de plástico que se reparten por el pabellón son reutilizables

Igualmente, los cinco tipos de cubos que hay por toda la COP25 están realizados en celulosa, en vez del tradicional plástico. Un logro es que sean contados los elementos en la cumbre que no son reciclados o que no puedan tener una segunda vida.

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En eso, la Cumbre del Clima organizada bajo el manto protector de la ONU lo ha hecho bien, casi excelentemente.

El problema es: la organización se ha olvidado completamente del público al que se dirige y la gran capacidad que tiene para contaminar. Se calcula que pasarán unos 25.000 asistentes de manera diaria. Ninguno de ellos probarán el anunciado menú firmado por el emblemático chef Joan Roca, que se sirvió durante la inauguración y que pudo probar la cúpula de la ONU.

La gente de a pie tendrá que tomar algo en los cerca de 20 restaurantes y cafeterías que permanecen abiertas en el pabellón.

Pero, aquí no nos encontramos con menús de manera sostenible, platos de cartón o vasos de papel. Todo sigue igual. Igual que la cantidad de residuos que provocan.

La mayoría de sandwiches y ensaladas están en envases de plástico o establecimientos de comida rápida que no han cambiado para nada su carta o su política de empresa por el mero hecho de que esté teniendo lugar la Cumbre. Y, por supuesto, los residuos se tiran en papeleras normales. Sin duda, una metedura de pata clara.

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