El acto de sufragar (voto español), como actualmente está el contexto político mundial, plagado de corrupción, abusos de poder, una unión casi sagrada entre el poder político y económico hacen que los representados estén cada vez más desconfiando de sus representantes y cómo éstos, en su calidad de delegados, no están cumpliendo sus funciones de velar por el interés común por los cuales fueron electos.

El asunto de la política, es decir, aquello público que nos compete a todos por igual solo por ser gentes que vivimos en sociedad, está muy desprestigiado porque ya no se le ve como un medio más para tratar de mejorar la calidad de vida.

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Es muy común escuchar opiniones como "si no me afecta a mí, por qué he de colaborar". Bajo esa premisa, entonces, la gente, para el vocabulario griego, sobre todo ateniense, sería un idiota.

Esta palabra, para los padres de la democracia occidental, literalmente significaba aquella persona que no se involucraba en los asuntos de la polis, de la ciudad. Para los clásicos atenienses, era un deber ser parte de las discusiones públicas y los que no lo eran, fueron considerados como bárbaros, y eso casi era el destierro o quitar la ciudadanía ateniense, que era mucho peor.

Al estar menguada la política, pues se le asocia a los partidos políticos e instituciones que no han hecho más que denigrar el arte de construir sociedad, generar identidades y intentar hacer la realidad más justa. Pues bien, debido a eso, el sufragio parece ser más un trámite más que un hecho con la relevancia que debería tener. Ir a votar, ir a las mesas de votación, que estén los vocales y apoderados de mesas, que se tenga que hacer cola, luego ir a la cámara secreta y finalmente depositar el voto en la urna es un acto político.

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De estar con tus semejantes y tus pares, de quizás generar una discusión o conversación luego de emitir el voto, son elementos que hacen que la res pública cobre sentido. La república no es más que la interacción constante racional de visiones de vida sobre el mundo, de lo que queremos hacer con nuestro entorno común.

El voto electrónico solo se remite a hacer un click en una pantalla, no hay interacción alguna con vocales o apoderados de mesa. No está el rito republicano de marcar el voto, sea con una preferencia, nulos o blancos. Es el acto mismo de ir a votar, buscar la papeleta, y ejercer el sufragio lo que hace que una democracia tenga más solvencia. El voto electrónico es un ser humano frente a una máquina y ahí hay también despolitización. Tiene una lógica capitalista, de compra y venta. No somos ciudadanos, somos consumidores, una mercancía. Países desarrollados como Finlandia, Alemania e Inglaterra (Brexit) solían tener la modalidad electrónica del voto, pero lo han eliminado, porque saben que, primero, se denigra a la educación cívica, segundo, al ser una máquina, si hay fallos eléctricos, colapsa todo el sistema y tercero no hay nadie fiscalizando el proceso más que la tecnología.

La democracia tiene más legitimidad cuando hay gente-ciudadana donde la técnica ayude al proceso de crear una mejor sociedad, más no convierta a las personas en consumidores y que ir a votar sea igual a comprar un producto.