“Ni la conflictividad propia de las relaciones de pareja, ni de factores ocasionales como la ingestión de alcohol o drogas u otros como el paro o la pobreza, tal y como socialmente se quiere hacer creer, deberían garantizar [...] la relación de dominio por parte del hombre.” He aquí, y en palabras de María Luisa Maqueda Abreu, la justificación por gran parte de los ciudadanos ante el delito que ha protagonizado y protagoniza nuestro tiempo: la violencia de género.

Muchas son ya las muertes que la no concienciación de la problemática ha causado a lo largo de los años. Según el Instituto de la Mujer, más de 60000 llamadas han sido realizadas en este año al teléfono de atención a víctimas de la Violencia de género, decenas de mujeres han sido asesinadas y otras ciento maltratadas en el silencio.

Ante esto, las personas responden con pena, rabia y pasividad. Estamos ante una situación normalizada donde el asesinato de la mujer en masa solo produce lástima y donde la lucha contra el orden simbólico establecido no queda más que expuesto de forma teórica, como es el caso de la Declaración de las Naciones Unidas donde dice explícitamente que la violencia contra las mujeres “constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer que han conducido a la dominación de la mujer y la discriminación en su contra [...] y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales [...]”.

A esto, no olvidemos añadirle la “protección” legal que, a la vista está, no cumple las expectativas exigidas pues, si bien recordamos, gran parte de estas mujeres asesinadas habían denunciado anteriormente por malos tratos.

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Entonces, ¿se puede decir que tenemos una ley que nos ampara? Lo dejo a vuestra reflexión...

Como señalaba anteriormente, un problema que debe ser tratado desde la perspectiva más preocupante cada vez más se está convirtiendo, y con el avance de las tecnologías, en un instrumento de distribución masiva del morbo (como ocurre con las redes sociales) aunque también del principal medio de violencia psicológica y verbal.

Actualmente, estamos frente a una sociedad la cual solo acumula víctimas y busca culpables sin llegar a plantearse la problemática que realmente nos rodea y que convive con nosotros no solo ante leyes, gobiernos o instituciones sino también ante nosotros como sociedad. Creo que mientras no cambiemos nuestras actitudes y reacciones ante este feminicidio imperiante, por desgracia, se seguirá sosteniendo la ley del dominante (hombre) y dominado (mujer).