Abordar la acreditada obra ¡Indignaos!, significa ir más allá de analizar el libro que inspiró las protestas ocurridas en España, Francia y otros lugares de la orbe en el año 2011. Se trata de una tarea que se traduce a una interesante disertación sobre la ideología de Stéphane Hessel , diplomático, escritor y militante político franco-alemán, quien debido a su origen judío -durante la Segunda Guerra Mundial- fue capturado y torturado por la Gestapo, siendo recluido en los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau.

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Desde entonces Hessel, demostró preocupación por los derechos humanos, la lucha contra la desigualdad, por la ecología, la diferencia entre las fuerzas políticas, en especial por la indiferencia demostrada por los jóvenes por asuntos de interés humano como las desigualdades sociales, la degradación del planeta y el medio ambiente -que de acuerdo a su criterio- habrían de movilizarlos de manera activa en busca de soluciones.

Entre las mayores contribuciones de este idealista a la humanidad se puede señalar su participación en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948).

Etimolóicamente el termino Ciudadano o ciudadana se deriva del latín civis, referido a una persona que pertenece a una ciudad: área urbana que cuenta con una elevada densidad poblacional y cuyos habitantes (los ciudadanos) poseen derechos políticos.

En este orden, al revisar el empleo histórico del término “ciudad”, Ortega (2006), afirma que en este se encuentra la unidad política más importante, razón por la que en la actualidad el Estado como unidad política principal continúa nombrando a personas con derechos políticos como ciudadanos.

En la actualidad los derechos civiles se distancian enormemente de los que poseían los ciudadanos de la Grecia Antigua, de acuerdo a Geza (2008), sólo recibían esta denominación los varones que defendían la ciudad y podían adquirir armas. Las mujeres, los extranjeros y los esclavos, no eran beneficiarios de ser considerados ciudadanos.

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Posteriormente en el ocaso del imperio griego e instaurado el romano, la representatividad de la ciudadanía reposaba en el uso de la toga, que era la vestimenta característica y exclusiva de los ciudadanos romanos. Su empleo estaba prohibido tanto a las mujeres como los extranjeros y cualquier otro no-ciudadano (esclavos, entre otros).

Luego en la Baja Edad Media, en Cataluña y en Valencia, la alta burguesía, estaba por encima de los mercaderes y artesanos, que eran considerados ciudadanos honrados, y poseían acceso a los cargos municipales electivos.

En la actualidad, en los pueblos demócratas del nuevo siglo suelen considerar tanto a hombres como a mujeres mayores de 18 años, ciudadanos plenos.

En este orden de ideas, Hessel , insiste en enfatizar que esos derechos, expresos en el programa recoge la Declaración Universal de 1948, poseen un carácter universal e invita a luchar por su ejecución: “Si os encontráis con alguien que no se beneficia de ellos, compadecedlo y ayudadlo a conquistarlos”.

Además, señala el compromiso que han de tener las nuevas generaciones: “No tenéis las mismas razones, tan evidentes, para comprometeros.