Según el Estudio de Consumo Navideño de 2016 realizado por la consultora Deloitte, cada español gastará una media de 682 euros esta Navidad, lo que nos sitúa en el segundo país europeo con el mayor índice de gasto; algo que pasa bastante desapercibido en esta sociedad de consumo extrema. Ante esta cifra, alrededor de 300 euros irán destinados a regalos que, como es ritual de cada año, agradeceremos y utilizaremos con la misma efusividad del primer día, ¿no?

Según Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), unos 1.500 millones de personas cobran 2 dólares al día, 1.000 millones un dólar y 100 millones 50 céntimos; cifras que causan una comida al día y la no escolarización y el acceso a una educación para el sector infantil.

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A esta miserable situación debemos añadirle la búsqueda diaria de un líquido rojizo e insalubre, más conocido como “agua”, con la que beben, cocinan y se lavan. Estas insufribles condiciones provocan una desnutrición crónica que desemboca en la muerte: “ya hay mil millones de hambrientos en todo el planeta”, señala Sheeran.

Claro está que los desastres naturales, las guerras y las infraestructuras que conviven en estos países forman una parte importante del subdesarrollo de estas zonas, pero también es cierto que el principal ingreso económico en estos países está basado en los impuestos y en el contrabando; situaciones que obligan a la población a adaptarse a lo impuesto por el gobierno y a olvidar sus derechos como seres humanos, como ocurre con gran parte de los niños y niñas (de entre 4 y 17 años), los cuales deben dejar la escuela e iniciarse en el mundo laboral en trabajos como la trata infantil, trabajos forzosos en la minería o la agricultura, la explotación sexual, etc. Y, si esto les parece poco, la ayuda humanitaria “se encuentra en mínimos históricos”, añade Sheeran.

¿No creen que va siendo hora de que salgamos de nuestro ego y empecemos a plantearnos esta realidad en la que vivimos y de la que somos partícipes? Creo que 682 euros es un buen motivo para empezar a reflexionar.

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Deben disculparme que en estas fechas de excesos, villancicos y licores atragante sus gargantas con estas cosas pero creo que un poquito de concienciación no viene mal. Oye, que en cuanto terminen de leer el artículo retomen su paz interior, que yo no quiero aguarle las fiestas a nadie.