¿Nos hemos arrepentido de decir algunas palabras, realizar algunas acciones o de haber tenido actitudes no aptas para el momento? Estas reacciones momentáneas aparecen cuando retrocedemos las páginas de nuestro libro de vida y volteamos a ver el pasado.

Cuando vamos creciendo o incluso en la adolescencia no nos importa lo que hacemos, solo nos enfocamos en colocar los bloques en la torre como vengan y como querramos ya que "lo sabemos todo" o sencillamente no nos llama la atención esforzarnos. Sin embargo, es muy importante darnos cuenta de esos fallos y pese a no poder colocar de nuevo esos bloques como quisiéramos, podemos corregir la estructura correctamente.

No está mal ver hacia el pasado, es una excelente forma de ver quiénes fuimos y de dónde venimos para saber en quién nos hemos convertido, sea por mal o bien nos vuelve a enfocar. Además de ser la magia de poder cambiar nuestras actitudes, darle un giro a nuestro camino cuando nos desviamos de la meta planteada o incluso analizar bien el camino que debíamos escoger y por el que queremos andar.

Tenemos que tomar en cuenta que estamos en un cambio constante, todo cambia y nada prevalece. Nunca paramos de crecer, nos dejan de gustar algunas cosas y lo que no nos gustaba nos comienza a llamar la atención, comidas, olores, vestimenta... todo puede cambiar, incluso las opiniones. Hoy podemos opinar que no, sea por presión social o porque la mayoría lo decide así, pero ¿qué puede pasar si nuestra opinión era el sí a cualquier tema?

Alguna vez una persona sabia me dijo que podemos volver a nacer cuantas veces querramos en la vida pero de morir solo tenemos una.

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Nacer no de forma literal, por supuesto, sino de forma esencial. Ese cambio que damos para un bien es volver a nacer, levantarse temprano para aprovechar todo el día, añadir algo que nos guste a nuestra rutina, cambiar de pensamiento con un tema... Eso es volver a nacer.

La vida nos da tantas oportunidades para hacerlo que es imposible no darnos cuenta. Cada amanecer y cada atardecer son señales de un nuevo comienzo. Cada vez que nos sentimos felices o incluso tristes son formas de crear nuevas metas, de un lado motivación y del otro superación, pero juntos con un mismo objetivo.

Siempre manteniendo la cabeza en alto, nos podemos arrepentir del pasado o incluso querernos esconder, sin embargo, la mejor forma de superarlo es levantarse, pasar a la página del presente y seguir escribiendo, cada vez mejor, con constancia y esfuerzo que en el futuro, cuando queramos volver atrás sonriamos afirmando que todo valió la pena para el éxito en nuestra vida.