No soy una persona extremadamente afín al juego de la moda, desde hace años le escucho a mi padre una frase: “La moda da la vuelta” y ésta, se ha convertido casi en un marchamo de mi vida, y realmente juzguen ustedes mismos si él, no tiene parte de razón con ella.

Las modas, conformen llegan se van, se disipan en un periodo de tiempo muy limitado, pero las necesitamos, porque dan un vuelco atractivo a nuestra plana y rutinaria existencia, de eso se nutre el marketing, y me parece hasta legítimo. El Arte o las Artes en general, porque el cine, es el séptimo arte como definió el teórico Ricciotto Canudo, también está movido por tendencias, pero sólo aquello que es realmente bueno, se convierte en inmortal, abandonando el estatus de moda, y convirtiéndose en obra de Arte con mayúsculas.

La verdad es que la excesiva promoción de la última película del director J.A Bayona: “Un monstruo viene a verme”, me hacía un tanto denostar, una película que creí dentro de lo que es la moda actual, algo que interesa ser vendido, por h o por b. Pero felizmente me equivocaba.

He escuchado y visto en muchos lugares, comentarios exaltando o también repudiando a este film, que yo en mi opinión creo que se convertirá en una obra maestra de la Historia del Cine. Porqué, pues porque toca temas que son la raíz de todas las ilusiones, deseos, y también sufrimientos que vive el ser humano. He escuchado comentarios en los que se ceban dando a la película un cierto tono “sentimentaloide”, que creo que es producto de una simplificación absurda de todo lo que esconde.

Un monstruo viene a verme” representa el miedo a enfrentar la verdad más triste de uno mismo, el miedo a la muerte, no sólo la personal sino la del otro que representa tus más altos afectos.

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Y podría decirse que hay al final cuando Connor es capaz de decirse a sí mismo la verdad, cuando se produce un momento catártico que apaga su sufrimiento, que lo renconcilia con su propia alma.

El monstruo es sólo una representación del propio dolor que todos llevamos en nuestro corazón, es un monstruo porque nos agita, nos hace eclosionar, porque tiene una fuerza extraordinaria, y porque es capaz de sacar lo más fuerte y malvado que hay en nosotros mismos.

Las cuatro fábulas que el monstruo (Liam Nesson) cuenta al niño son muy interesante en sí misma no tanto por lo que cuenta, sino porque en ellas, se abandona la moralidad y el sentido maniqueo de los cuentos tradicionales, y se da la oportunidad de otros puntos de vista, de cómo en muchas ocasiones nuestros actos nacen de cómo se planteen las circunstancias, y evaden las posibles consecuencias del mismo.

J.A Bayona, tiene el mérito de hacer presente en imágenes aquello que está en nuestros corazones, la constante lluvia, los días grises, no hacen más que significar el estado del alma de Connor, y el escape exquisito en todo esto lo pone el Arte, la creatividad, como forma de expresarse, cómo forma de dulcificar la pérdida, el recuerdo eterno que pasará de madre a hijo es la habilidad de Connor para la pintura.

Este film no deja indiferente, vi la película en una sesión golfa, en mi pequeña ciudad, aquello estaba lleno de parejas jóvenes con ansias de comerse a besos al oscurecerse la sala, y adolescentes dispuestos a sorber Coca-cola y comer su bolsa de palomitas, tuve miedo de que el jaleo y las interrupciones no me dejaran verla a gusto. Pero fue comenzar la acción y se hizo un silencio sepulcral en la sala, al terminar la película miré hacia atrás y vi a chavales jóvenes agarrando su asiento y enmudecidos, creo que ellos y quizás todos después de aquella película habíamos encontrado nuestra verdad, sin saberlo! #Cine español