Me acuerdo de este día como si fuera ayer (sí, suena un poco cursi). 2008, Roland Garros, hace ya 8 años. Vi a Novak Djokovic, lo vi jugar y me enamoré de su juego, de este tenista que ocupaba el tercer puesto mundial.

La verdad es que me puedes preguntar porqué me ha gustado tanto pero no te lo puedo decir ya que fue como un flechazo (sí, existe incluso en el deporte) : su estilo, su juego, su personalidad. Mi padre siempre ha sido muy fan y siempre veía el Tenis con él, pero él era (y es) uno de los (millones) seguidores de Roger Federer. Pero, obviamente, yo no. Siempre me ha interesado el tenis pero Novak Djokovic nunca me había llamado la atención...

Y de repente, me he enterado de toda su carrera.

El chico era muy bueno, era ambicioso, tenía talento. Seguro que iba a llegar muy lejos. Sus partidos no eran para cardíacos. Me acuerdo que cada vez que jugaba estaba muy tensa como si mi vida dependiera de la victoria de este Serbio. No me acuerdo con precisión lo que pasó después. Solo sé que lo he vivido y que ha marcado mi vida.

2009 no fue la mejor temporada de Nole, bueno, podemos decir que fue la peor de su carrera. Se colocó al cuarto puesto por detrás del británico Andy Murray, por primera vez desde 2007. Perdió contra Robert Soderling en Londres, había tocado fondo pero seguía cavando. Su Roland Garros 2009 también fue caótico...

Djokovic, como todos los grandes atletas, supo levantarse. A la manera de Michael Phelps se impuso donde nadie lo esperaba.

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Djokovic lo ganó todo en 2011. Realizó un año perfecto para subirse a lo más alto de la ATP. Cumplió su sueño y se convirtió en el mejor tenista del Mundo, una dominación entrecortada por Nadal y Federer. Dos de los mejores tenistas de la historia.

El Djoker era invencible pero lo que le faltaba era ganar en París, ganar en Roland Garros. Djokovic escribía su historia, repitiendo títulos pero sin poder ganar en París, como si no quisiera como si no pudiera.

Este torneo siempre fue difícil para él. Hasta en 2014 y 2015 cuando era ultra favorito. Se había proclamado número uno del mundo en 2014 y durante estas dos temporadas había realizado la temporada perfecta : arrasándolo todo, dominando a todos. Pero siempre acababa perdiendo contra los que nadie esperaba.

En 2014, lo venció Rafa Nadal demostrando que Roland Garros era suyo. Un año después, Djokovic llegó a la final con la intención de terminar con esta maldición. Era favorito, todos pensábamos que por fin se iba a imponer pero no, Stan Wawrinka acabó con su sueño.

Una vez más, Djokovic no se llevaba el trofeo a casa. Como si no pudiera, como si no quisiera. Esta derrota fue un palo.

Su momento llegó este año contra el número dos del mundo, Andy Murray. Cuando ganó, todo el publico y el mundo entero se levantaron. Djokovic se tiró al suelo llorando sin creerlo porque, por fin, lo había hecho.

Nunca se rindió, nunca abandonó su idea, nunca olvidó su sueño de llevarse Roland Garros. Es de los pocos que siguen luchando hasta conseguir lo que más quieran. Muchos hubieran abandonado, Messi por ejemplo nos lo demostró hace poco, quiso dejar su selección porque estaba harto de perder. Djokovic no es de esta categoría.

Desde hace dos semanas, Murray es el actual número uno, Djokovic es segundo. Pero la historia no se acabó, Djokovic quiere romper otros récords. En 2008, he conocido a este tenista ambicioso, talentoso, perseverante y terco que anunciaban "muerto" en 2009 que supo convertirse en el mejor tenista del mundo.

Un luchador que supo escribir su nombre en la historia del tenis. El serbio no ha pronunciado su última palabra.