¿Cuántas veces hemos podido escuchar esa palabra en los últimos días? De hecho, os invito a probarlo. Si ponéis la palabra "cobra" en Google no aparecerá el grupo musical ni la serie policíaca, aunque parezca mentira, tampoco la serpiente venenosa. Todos los resultados girarán en torno al supuesto corte que le metió el "ricitos de oro" a su ex, Chenoa, que se ha convertido, de repente y después del chasco, en la novia de España

Hay que reconocerlo, muchos fuimos también víctimas de esa #Cobra, si es que la hubo, estábamos pegados al televisor esperando que algo sucediera, aguardando esa mirada con beso de postdata que nos devolviera la ilusión.

Aunque honestamente, creo que nos hemos pasado un poco. Esa empatía que sentimos con los concursantes de aquella lejana edición de OT nos ha jugado una mala pasada. Nos ha podido la nostalgia, el deseo de revivir lo que en su momento nos pareció nuestro, porque lo veíamos sentados cada semana con una bolsa de palomitas.

De un golpe, Chenoa ha vuelto a enfundarse el chándal y el paquete de pañuelos, y ese carácter que siempre la ha identificado, el saber estar, el valor de plantarse frente al que le rompió el corazón con su mejor sonrisa ha quedado escondido, nunca mejor dicho, bajo el manto de la vulnerabilidad y el llanto.

Qué puedo deciros, no creo que su intención fuera plantarle un beso en la boca a su ex, y si la hubiera sido, por una leve avalancha de recuerdos, por un arrebato o por lo que le viniera en gana, tampoco es el fin del mundo.

Vídeos destacados del día

¡Qué nos ponemos muy drásticos!

Pero es que somos unos románticos, qué le vamos a hacer. Para qué vamos a pensar en problemas reales si tenemos a Bisbal pegándose la media vuelta estilo Pimpinela y a todos los programas matinales y de sobremesa recordándonoslo. Para qué pensar en paro o recortes, en corrupción, en trabajos basura si una frase caliente a través de la pantalla nos quita el frío.  

Poco a poco nos iremos olvidando de ello, mientras tanto podemos seguir poniéndonos el chándal y llorando a través de otros ojos, sintiendo esa nostalgia selectiva incapaz de hacernos daño, hasta que otro Bisbal llegue y nos rompa un corazón que no es nuestro.

Todo sea para no encontrarnos de frente con lo que en realidad importa.