A nadie se le escapa que la descatalogación del contrincante es una importante arma Política cuando de lo que se trata es de conseguir votos. Sin embargo, aquellos interesados no sólo en la polémica política, sino también en la reflexión sobre la administración de la polis, nos vemos intrigados por el uso actual del mote “populismo”, pues bien podría parecer que cualquiera es populista, al fin y al cabo, nuestros representantes, por llamarles de algún modo, y los medios de comunicación no dejan de acusarse entre ellos de ser populistas.

Gustavo Adolfo Bécquer, el gran poeta español, se preguntaba allá por el siglo XIX qué era poesía.

Salvando las distancias me pregunto en el siglo XXI, ¿qué es populismo? Según la historia, el populismo, es una forma de gobierno que se originó en América Latina. Parece ser, los populistas, concedían una gran importancia a los más desfavorecidos, tratando de llevar a cabo políticas que beneficiasen a los pobres del país, a aquellos que se llamaron el “pueblo”.

Gobernar para los de abajo tiene cierto atractivo para aquellos poseedores de cierta sensibilidad social, no parece tener nada de malo que los Estados traten de defender a los más vulnerables. Ya desde los tiempos pretéritos, Hobbes había dejado escrito que la misión de todo Estado, es, precisamente, preocuparse de defender a sus ciudadanos. El problema del populismo viene cuando este se utiliza del modo actual, como si de una ametralladora se tratase.

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En otras palabras, para dar miedo, para asustar a las gentes y tratar de condicionar su voto, apelando no a la razón, sino a las emociones.

¡Espinoso asunto este! Hoy día cuando un candidato acusa al otro de ser populista, busca desprestigiar a su oponente infundiendo el miedo en el electorado. En este sentido, esta estrategia es fuertemente populista, pues si obedecemos a la definición del concepto que se utiliza en los círculos académicos, populismo es: una política dirigida a las emociones y no a la razón y, reconozcámoslo, la apelación al miedo, es apelar a la emoción. Por tanto, de lo que hablamos, cuando hablamos de populismo es de política dirigida al estómago del votante, destinada a inflamar sus miedos, sus instintos primarios de auto conservación, no a su razón. Ningún partido se libra hoy día de ser populista en este sentido. Todos usan de eslóganes dirigidos a inflamar los sentimientos y los medios de los votantes frente a la opción contraria, por tanto, la pregunta hoy día no es la de quién es populista, sino la contraria. ¿Quién no es populista hoy?