Hace poco, una amiga que acaba de graduarse en Medicina me contaba que después del MIR estaría como residente en un hospital asignado durante cuatro años. Cuatro años para adquirir práctica y por los que cobraría mensualmente más de mil euros.

Muy poco para sobrevivir, le dije. Pero ella contestó que no importaba, porque cuando acabase esa etapa pasaría a cobrar un sueldo decente. Recordé, entonces, que durante el año que yo estuve trabajando (de prácticas, por supuesto) mi sueldo no llegaba a los quinientos euros.

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Y lo llamativo es que era de los pocos medios de comunicación que pagaban a sus becarios. La diferencia entre mi situación y la de mi amiga (que va a ser una médico estupenda, por cierto), es que en el suyo el gremio entero se indignaría y se levantaría si cobraran durante esos cuatro años lo que estuve cobrando yo.

Posiblemente, muchos de los que me están leyendo no estén familiarizados con el mundo de la comunicación y sean incapaces de creer esto, pero muchos otros compañeros de profesión se sentirán totalmente identificados. Miles de graduados ultra cualificados en periodismo y otras ramas parecidas que tienen que soportar que tras haber hecho decenas de entrevistas les contesten que sí, que están contratados, pero que no van a cobrar. O que les van a pagar cien euros al mes pero "no debería importarte porque es experiencia para ti".

¿Que si no nos importa? ¡Por supuesto que nos importa! ¿Cómo acaso no va a importarnos que nos exploten? Como si no fuera suficiente humillarnos con condiciones de esclavitud laboral también pretenden enfrentarnos entre nosotros obligándonos a luchar por puestos de trabajo que ni siquiera nos van a dar de comer.

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Lo siento, pero no es normal haber estado estudiando durante años para encontrarnos ahora con que al mercado sólo le interesamos si le podemos salir gratis. 

"Pero aún eres joven, sólo tienes veintitrés años. No exijas tanto". ¿Exigir tanto? ¿Un trabajo digno es tanto?¿Qué va a pasar cuando tengamos treinta años y sigamos cobrando lo mismo? ¿Cuándo vamos a cotizar? ¿A cuántos compañeros más vamos a tener que despedir en su emigración obligada al extranjero? Tenemos que dejar de considerar normales estos comportamientos hacia nosotros y luchar por un trato digno. Porque si los profesionales de otras disciplinas lo merecen, nosotros también.