"Atrévete a pensar". Siempre que se trata el tema, el mito de la caverna se hace presente. A la hora de saber, la única forma de emocionarnos con vértigo es la sensación esa...esa cualidad de lo desconocido que se produce en la propia mirada al ver las cosas de otra manera. Sí, ese vértigo interior y un placer para algunos introvertidos. "¡Tartarín en Königsberg! Con el puño en la mejilla, todo lo llegó a saber", como decía Machado. 

Por lo demás, la dimensión práctica del saber se reduce a la práctica de algún oficio o arte. Si se trata del saber institucionalizado, el lenguaje escrito es la clave de su transmisión. Así que la escritura y su resultado suele ser el símbolo que representa ese estatus de carácter invisible.

De ahí los lomos de los libros como decorado de las entrevistas para personajes de referencia. Las bibliotecas polvorientas como monumento que acalla dudas y demás parafernalia.

Pero hay algo además de eso. Está el tiempo que ocupa el saber. Leer requiere tiempo y concentración. Reflexionar también es otro lujo. Nadie que tenga que ocuparse de asuntos prácticos durante el día puede pensar demasiado. Con lo cual tenemos a una buena cantidad de filósofos e intelectuales de clase media-alta o altísima, reflexionando sobre el mundo y siendo referencia de lo que es saber, cuánto lo es y hasta qué punto.

Porque la otra parte del asunto trata sobre quién es el que no sabe. ¿Quiénes son los ignorantes? Aquellos que no saben que lo son, fundamentalmente. ¿Y cómo pueden descubrir esa debilidad en ellos mismos? Pues a base de un listo que todo lo sabe o de algunos momentos de ocio auténtico para reflexionar cabalmente sobre aquello que les ataña.

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Por cierto, aquí no hablamos de esos saberes hechos sobre la práctica, los saberes que nos hacen. No. Aquí hablamos de palabras para describir el mundo. Y hablamos del lenguaje como maqueta sonora del universo entero. Como una herramienta invisible para hacerse dueño del mundo como si éste fuera sólo un sueño. Y eso es muy de la filosofía. Una actividad huérfana de resultados prácticos pero necesaria para comprender el mundo en movimiento.

Al ponerle nombre a algo, lo convertimos en ese algo.