Una tristeza inmensa me invadió al enterarme de esta tremenda noticia. Es ingrato, cuanto menos, que tantas y tantas personas hayan luchado por y para la paz y que, a medida que van pasando las décadas, la sociedad se esté volviendo más irrespetuosa y violenta por momentos.

No, hoy no os voy a hablar de Telecinco, Sálvame ni Jorge Javier Vázquez, el corazón que se colapsó el otro día fue el de todos nosotros al enterarnos de la cruel noticia, la presunta paliza que unos compañeros de colegio le propinaron a una niña de 8 años en Palma de Mallorca, la cual tuvo que ser hospitalizada y ha vuelto a ingresar hace unas horas.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Televisión

Quizás debiéramos remontarnos algunas fechas, cuando nosotros cursábamos en el colegio, caminábamos por esos pasillos y compartíamos pupitre con niños de todo tipo, porque parece que no tenemos memoria, y cuando viene un caso así, parecemos afrontarlo desde el desconocimiento absoluto y eso no es del todo cierto.

Recuerdo que en mi aula se encontraba un elenco parecido al de ahora, el típico chulo con sus secuaces, el payaso, el gracioso y el típico del que todos se reían y se mofaban, y que, curiosamente iba cambiando cada dos años, normalmente, y a raíz del hastío de él y su encaramiento del problema o bien de la presión por varios sectores.

Entonces, ¿cuál es el detonante de esta Violencia? Me he hecho esa pregunta en varias ocasiones y la respuesta que se me viene a la cabeza es, la impunidad del menor y la justificación de los padres. Y se me vienen esas palabras porque es el único elemento diferenciador claro que hay entre las generaciones que van pasando.

Recuerdo que antes había mofas, peleas, burlas, discusiones y todo tipo de problemas en las aulas, pero la mayoría de los que las poblábamos teníamos un respeto por el profesor y otro, y muy grande, hacia nuestros padres.

Vídeos destacados del día

Si nos llamaban la atención los maestros y nos daban una nota para que nuestros progenitores la leyeran, nos daba de todo porque sabíamos que cuando llegáramos habría bronca y castigo.

La diferencia es que ahora ni los profesores tienen autoridad puesto que la legalidad no los ampara y la mayoría de los padres actúan como incendiarios de esos comportamientos, en ocasiones pagando sobre ellos su falta de capacidad, tanto académica como social. Ciertas frases, “no seas tonto, pégale” o “a ti que nadie te pise, pisa tu primero”, son tan normales como un “buenos días”. Todo unido lleva a una conclusión, la incapacidad de atajar el problema, tanto de estamentos, fuerzas de seguridad del estado y, lo que es más preocupante, de la familia.

A esa niña y a sus familiares sólo les quiero pedir, desde esta minúscula ventana que tengo para llegar a todo aquel que quiera leerme, perdón, te pido disculpas pequeña mía porque no hemos sabido atajar este problema, porque desde la familia de estos compañeros, que no contentos con lo que ha pasado han tenido la desfachatez de ir al colegio como si nada hubiera pasado, hasta la incapacidad del centro de corregir dentro de las aulas el problema, haciendo caso omiso a las denuncias de la madre de la niña, así como también de toda la sociedad, en la que me incluyo, por haber involucionado en el aspecto más humano de nuestro ser.

Espero que algún día puedas perdonarnos, pequeña.