Conceptos tales como progreso, #Derechos Humanos, diálogo, solidaridad o democracia resuenan cada vez más en nuestros oídos, en nuestras conciencias. Cada día, un mundo más concienciado, más consciente de sus tropiezos. Un mundo en apariencia más mediatizado, y por tanto, más informado sobre lo que pasa lejos de sus fronteras, o incluso dentro de ellas. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

A día de hoy, 135 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sido víctimas de la mutilación genital según la ONU, cientos de personas continúan detenidas en Guantánamo con tratos infrahumanos, miles de bebés se abandonan o asesinan en China por el hecho de nacer niña,  alrededor de 10.000 personas son ejecutadas al año, se produce una violación cada dos minutos en Estados Unidos, se recolectan órganos de prisioneros condenados, así como se margina y se excluye a gran parte de las minorías étnicas.

Mientras, miles de personas sin libertad de expresión son detenidas y condenadas en China por hablar cuando otros pensaron que debían callar.

De estos ejemplos de violaciones a los derechos humanos y de muchos otros, no son sólo culpables quienes los llevan a cabo, sino quizá con más culpa aún, quienes lo ordenan y lo esconden, quienes lo ven, y callan.

Pero ahí no acaba todo, la ambición humana lleva también el sufrimiento a millones de animales en todo el mundo. Más de 10.000 toros asesinados oficialmente cada año sólo en España, animales hacinados en jaulas, obligados a ingerir hasta su ceba para obtener mayores producciones de carne, leche o foie. Miles de perros de caza ahorcados sin piedad por no correr tan rápido como años atrás, focas asesinadas a palos por no perder ni un centímetro de su valiosa piel, o por simple tradición para demostrar la  madurez de los jóvenes.

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Y un largo etcétera.

Ignacio Ramonet declaró en su reciente conferencia “Siete utopías para un mundo mejor” que hay que seguir luchando por la sociedad, y afirmó que “no nos damos cuenta de que las torturas animales tienen consecuencias, la insensibilidad hacia el sufrimiento animal provoca la insensibilidad en todos los aspectos de la vida.” Asimismo, Ramonet afirmó también que “debemos cambiar de ciclo”, referido a todas aquellas torturas que siguen en pie con una tradición como pretexto.  “El sacrificio humano”, añadió, “también era una gran tradición”.

Incluso debemos luchar aún contra la discriminación empresarial de la mujer en los países más desarrollados, o contra los nuevos racismos surgidos por las políticas anti inmigrantes.  “Sin  alinear demasiadas cifras”, dijo, “la realidad del mundo es absolutamente aterradora.” Según afirman la ONU, la UNESCO y la FAO, la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros diarios, un tercio de las personas con menos de un euro diario, en el mundo muere dando a luz una mujer por minuto, 1.250 niños fallecen al día de enfermedades fácilmente curables.

“Mueren de pobreza”, afirma Ramonet.

Resulta difícil creer con estas cifras que sea el progreso quien guíe a la humanidad y no los intereses de unos cuantos y el silencio del resto. Noticias impensables para un mundo considerado avanzado llegan a nuestros oídos cada día, pero la inmensa mayoría, con una sensibilidad ya acostumbrada a tales atrocidades, prosigue su rutina sin apenas inmutarse,  escondidos tras el pretexto de que nos queda demasiado grande.  Hasta cuándo nuestro silencio será cómplice de que la #Tortura sea la cultura de la humanidad. #Justicia