El Gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, está considerado como el peor gobernador en la historia de México, y nos tenía que tocar a nosotros. Por su culpa vivimos en uno de los estados más peligrosos del país.

Durante su mandato se ha desatado, con más energía e Impunidad, la delincuencia organizada en el Estado, ya se considera como lo más cotidiano que se encuentren fosas clandestinas aún en zonas urbanas de la entidad, el asesinato a sangre fría de periodistas, el ajuste de cuentas entre narcos con todo lujo de violencia, levantones, secuestros, el hallazgo de cadáveres a orilla de las carreteras, el asalto a camiones de pasaje foráneo, Corrupción, impunidad y el desvío de ochenta y cinco millones de pesos de los recursos del Estado.

¿Y todavía Duarte se atreve a decir que lo están acusando injustamente?

Yo pienso que lo que Duarte de Ochoa pretende es huir, pues el Gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares declaró que, desde el primer día de su mandato, dará a conocer toda la información que tiene sobre los abusos de Duarte y que no parará hasta verlo en la cárcel junto con sus cómplices.  Yunes dijo que la información que tiene es tanta y tan escandalosa que hará cimbrar el país, por lo que Duarte pide su licencia para "defenderse de las injurias que le están inventando".  Así o más cínico.

Estoy convencida de que esto se ha convertido en una cacería de brujas, pues mientras Duarte merece pagar sus innumerables culpas, él también demandará al Gobernador electo Yunes por supuestos 'pecadillos' que le conoce.

Es verdad que no hay político honesto, y que Yunes también ha cometido abusos, pero han sido los que se consideran dentro de lo normal, a los que ya estamos acostumbrados los ciudadanos, pero lo de Duarte no tiene nombre.

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Ha sido prosaico, patán y sarcástico con el dolor de los veracruzanos y ha robado muchísimo más de la cuenta.

Confiemos en que Javier Duarte de Ochoa no logre huir y en que Miguel Angel Yunes Linares lo logre meter en la cárcel y lo obligue a pagar todo lo que le debe a los jarochos, o por lo menos el dinero, ya que las vidas humanas jamás se podrán recuperar.