Decir-Mostrar, Mostrar-Decir, es una técnica narrativa que un autor experimentado suele manejar con mayor soltura y que un autor novato suele desconocer pero aún así aplicar, habitualmente mal. No es sencilla de comprender y menos de implementar, lo que implica mucha práctica y una buena cantidad de horas de lectura para analizar e identificar cómo es utilizada por autores de renombre.

Sus definiciones parecen fáciles, y es que lo son, pero cuando queremos aplicarlas en nuestra escritura o cuando queremos identificarlas en un texto empezamos a dudar. Volvemos a leer las definiciones, tratamos de sacarle más jugo de lo que logramos en la primera lectura, buscamos ejemplos y más ejemplos que nos ayuden a comprender.

Pasado un tiempo tenemos tanta teoría en mente que no sabemos para qué lado seguir. 

Juan Sasturain, en su obra Manual de perdedores, utiliza un poco de ambas técnicas permitiendo que el lector utilice su imaginación al mostrarnos una escena y que sume información cuando nos brinda datos concretos. Ejemplo:

'Julio Argentino Etchenique, ex policía, jubilado municipal clase 1912, viudo desde que se acordaba, no contestó enseguida […]'

El narrador nos presenta a uno de sus personajes principales y nos ofrece información, nos dice algo de su pasado que nos ayuda en nuestra construcción mental del personaje.

'Colgó. Tomó un café en el mostrador y salió a la calle. Caminó por Moreno hacia Entre Ríos y el Falcon dobló con él. En la esquina torció a la izquierda y el auto siguió derecho. Se apuró para llegar a Belgrano y se disponía a cruzar cuando un Fiat 128 que salió de detrás de un colectivo le mordió los zapatos y clavó los frenos a dos metros […]'

En este fragmento nos cuenta acciones que realiza el personaje.

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Acá no es necesario implicar la imaginación del lector más que para recrear la secuencia de sucesos. Cumple la función de comunicar información relevante de forma concisa y concreta.

En cambio, cuando leemos lo siguiente:

'Entró. Al dar la luz mortecina provocó un repentino desbande de cucarachas que se perdieron bajo el escritorio viejo, los sillones de cuero comprados de ocasión […]'

Nos muestra con lo que se encuentra el personaje al entrar en una habitación. Podría simplemente habernos contado que el lugar estaba sucio y describirlo, pero ese dato brindado así, de forma casi fría, le quitaba la posibilidad al lector de imaginar la escena. Al mostrarnos que con la luz mortecina las cucarachas corrieron a esconderse permite que recreemos la habitación según la imaginación de cada uno de nosotros, los lectores, dando lugar a diferentes interpretaciones.

Sucede lo mismo con este fragmento:

'Como un pozo, pero no. Como caer en un pozo pero hacia arriba, hacia el techo y tocar fondo y volver a caer.

Después una sensación distinta. El piso dejó de huir bajo su cuerpo pero un número infinito de cucarachas comenzó a llevarlo en andas, lenta pero seguramente hacia abajo. En un momento dado las cucarachas aceleraron, manoteó el aire –creyó manotearlo– y entreabrió los ojos, unas pesadísimas cortinas de garaje […]'

Al mostrar las sensaciones que vive el personaje nos da la posibilidad de adentrarnos en la historia. Es una narración más personal, más rica, en donde las emociones se involucran y el lector puede sentirse más cercano al protagonista.

Es una técnica que bien trabajada puede contribuir a crear un texto agradable, llamativo, rico, pero si se implementa mal puede causar todo lo opuesto y uno puede terminar con un texto pesado o plano.