Desde que la academia sueca falló el Nobel de Literatura 2016 hace unos días, Bob Dylan ha inundado las columnas de opinión y noticias de una multitud de publicaciones. Periódicos y revistas no han escatimado en elogios al músico reconociendo el acierto del jurado en su decisión. Pero no todo han sido flores. Además de la sorpresa porque un músico haya ganado un premio de literatura, el Nobel concretamente que no es cualquier cosa, el desacuerdo y la crítica no se han hecho esperar.

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En los tiempos que corren, con el hábito de la lectura cada vez más en picado, es cuando más deberían protegerse las manifestaciones literarias. A este argumento responden con las letras de Dylan quienes celebran su reconocimiento, pura poesía aseguran.

La polémica está servida. El enfrentamiento entre las artes recuerda a la voluntad rupturista de las Vanguardias Históricas de principios del siglo XX. Afirmaba Apollinaire en su poema Zona, en 1912, lo siguiente: 

Lees los prospectos, los catálogos, los afiches que cantan en voz alta / He aquí la poesía esta mañana y para la prosa están los diarios.   

¿Dónde ponemos entonces la barrera de la literatura, la prosa y la poesía? Dylan canta desde lo cotidiano, rozando los temas más humanos adentrándose en la esfera de lo político hasta llegar a lo más íntimo. Pero Warhol antes que él ya había abierto la puerta de los museos a los supermercados. Y Duchamp, aunque rechazado el urinario en su momento, se la abrió a cualquier objeto que el artista escogiera. ¿Dónde quedaron las fronteras entonces?

La pregunta ahora es pues, si la literatura puede llevar tantos puntos y a parte, si la dimensión de las frases y los versos entran dentro del canon y sobre todo, si la melodía que acompaña a la escritura inhabilita cualquier composición para el calificativo literario.

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O si las notas musicales y las palabras pueden ser consideradas en su forma aisladas unas de las otras, como expresiones diferentes. Quizá la pregunta sea si la literatura puede ser cantada y encontrada en el folclore popular (la Música folk es precisamente eso), como para Apollinaire aparecía en los periódicos.