La sanidad sí es pública, pero por qué se supone que la Educación también lo es. La educación hasta la Universidad aún se puede comprender como pública pese a que haya que comprar, en la mayoría de las ocasiones, los libros de manera particular. Al fin y al cabo no hay costes de matriculación que suelen ser los que más ‘duelen’ en los bolsillos de las familias. Algo público es de uso lúdico para toda la población, de hecho con la sanidad se puede comprobar. Se pagan impuestos por algo y por ello no hay que aportar un suplemento cada vez que se vaya al centro de salud o al hospital, no obstante en la universidad sí hay que pagar un suplemento en modo de matrícula.

Todos los estudiantes pagan un dinero a la entidad pública universitaria para poder estudiar en una institución pública, repito. Una matrícula que aumenta considerablemente en cuanto un desdichado alumno debe repetir una asignatura al no poder superarla por vaguería personal o por disfunciones en el método docente. Hay que añadir a ello que en cuanto un estudiante suspende alguna asignatura las opciones de beca se ven ostensiblemente dañadas y, en algunas situaciones, también las de continuar el grado universitario.

Dejando al margen los contratiempos personales dentro del mundo estudiantil. Los problemas intrínsecos se suceden en las diferentes universidades españolas, sobre todo en el inicio del año lectivo. Inconvenientes en la organización interna de las diferentes facultades se han dado en los últimos días y siguen ocurriendo una vez se han comenzado las clases.

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Aunque antes de que los alumnos inundaran las facultades y se topasen con la deshilachada organización, muchos de ellos no pudieron matricularse de forma correcta.

Los ejemplos son claros y variados. En la Universidad de Barcelona, estudiantes de diversas facultades se han visto y se han deseado para poderse matricular a partir de la hora y día, a principios de septiembre, que se les había asignado. El ‘modus operandi’ es el de una automatrícula que se puede realizar desde casa a través de Internet, pero el sistema operativo de la web de este servicio público no ha funcionado para una innumerable cuantía de alumnos.

Esto generó unas esperas en las propias facultades para matricularse, o intentarlo, de manera presencial ante unas secretarías que se veían desbordadas porque no daban abasto con tan poco personal. Un gran obstáculo con el que se toparon los ‘agraciados’ con este contratiempo fueron los días de fin de semana en el que no podían hacer nada. El tiempo seguía corriendo en contrarreloj para intentar comenzar, el día 12, con asignaturas matriculadas.

Aún iniciado el curso, muchos alumnos no habían resuelto sus problemas.

Para poner un ejemplo de la poca sintonía universitaria a nivel interno con el curso ya empezado, hay que ir hacia el sur de la Península. La Universidad de Almería tiene falta de profesores con el curso ya iniciado porque están ‘en trámites de contratación’. Así pues, hay clases en muchos grados que no se dan todavía porque no hay profesores para poder impartirlas. Si el curso empieza un día se debe tener el personal docente para entonces pero como ya se conoce, no es que se estén buscando todavía, algo que sería atroz, es que se hace para ahorrar dinero, algo que es aun peor.

Las familias de las estudiantes, o los propios estudiantes que trabajan y hacen el grado a la vez, no pagan un dinero a un servicio público para tener que sufrir los contratiempos de una organización interna ineficaz, a principio de curso sobre todo. A parte de lo anteriormente comentado, en la universidad se encuentran los inconvenientes que hay entre alumnos y profesorado en un sistema que está quebrado desde hace años y que las reformas, desde los diferentes Gobiernos, no mejoran. Por último y en referencia al titular, ¿por qué se llama universidad pública? ¿Porque se pagan menos que con las que se denominan privadas?