Los ciudadanos españoles votamos a programas electorales presentados por partidos políticos, integrados por personas, algunas de las cuales se convertirán en diputados, es decir, en representantes de los ciudadanos. La representación se ejemplifica en el parlamento en forma de votaciones, entre las cuales está votar quién será el presidente del gobierno.

Pero esa votación no está dentro de ningún programa político, es decir, ningún partido político incluye en su programa algo así como, trataremos de llevar a cabo lo que proponemos en nuestro programa, pero por encima de eso, favoreceremos la creación de un gobierno lo antes posible, invistiendo a aquel que consiga más diputados, aun cuando no consiga el número de diputados que suponga una mayoría absoluta.

Cabe pensar que esa votación, la que sirve para investir a uno u otro Presidente está en manos de los representantes de forma personal sin estar ya en la función de representar a los ciudadanos, puesto que no han prometido nada a los votantes respecto a ese punto en concreto. No hay ningún compromiso, lo que deja esa decisión en manos de los diputados, ya totalmente distanciados de los ciudadanos que los votaron.

Esto pone dos cosas de manifiesto, por una lado libera a los ciudadanos de la responsabilidad de que no se forme un gobierno y por otro demuestra que los representantes de los ciudadanos están lejos de representar adecuadamente.  Sin embargo, todos somos inocentes, los ciudadanos no podemos votar la investidura y los diputados no han adquirido con los ciudadanos ningún compromiso respecto a dicha votación, por lo que no hay culpables ni responsables siquiera.

Vídeos destacados del día

Podríamos pensar que una de las competencias de los políticos, uno de sus saberes, sea el de formar gobierno lo antes posible, negociar para poner en marcha la máquina de la manera más conveniente para todos. Pero aún no hemos determinado qué tiene que saber un diputado para ser diputado.

La dificultad es grande, porque no se puede exigir a ningún diputado que llegue a cualquier acuerdo, aun cuando este vaya en contra de sus principios o sus ideales, más cuando los haya incluido en su programa, en aras de un bien superior como es el que se forme un gobierno.  Por otro lado, se podría solucionar la cuestión exigiendo que se apoye al que más votos sacó, pero esto puede muy bien ir en contra de la mayoría de los diputados que están representando a los ciudadanos, lo que dejaría una vez más a la democracia, al poder de la mayoría de los ciudadanos, en una situación de debilidad ridícula.

Respecto a esto, sabemos que no se puede obligar a alguien a ponerse de acuerdo con un otro, lo máximo que conseguimos es que dos niños se den la mano para escenificar que han hecho las paces, sabiendo ellos y nosotros que es una representación poco estricta de lo que realmente está sucediendo.

En fin sin culpables ni responsables, podemos estar tranquilos.