Probablemente ustedes ya han olvidado la precampaña y la campaña electoral que desembocó en las Elecciones del 20 de diciembre de 2015. También es probable que hayan olvidado los seis meses de precampaña y los 15 de campaña previos a las elecciones del 26 de junio de 2016. Todas las propuestas económicas, sociales, institucionales, las imposiciones de nuestros socios europeos, los compromisos vacuos e incumplibles de unos y de otros, las posibilidades de pactos, de apoyos, todo ello ha caído en el gran pozo del olvido.

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Que nos queda, en resumen no nos queda nada, nada bueno, un partido corrupto que quiere gobernar (PP), un partido también corrupto que no quiere gobernar (Psoe), un partido que quiere gobernar con los partidos corruptos (C´s), algunos partidos que quieren gobernar en exclusiva su propio Estado (PDC, PNV, ERC), algunos partidillos que se subirán al carro de sea quien sea el que gobierne (CC, Foro Asturias, UPN) y un partido que mejor que no nos gobierne (Podemos).

Ya se han obviado los debates sobre los objetivos del Gobierno y solamente ha sobrevivido el debate sobre el o los que formarán el gobierno. La ciudadanía nada en el hartazgo de la situación en la que nos encontramos, pero tampoco es capaz de cambiar su voto de manera drástica para resolver el gravísimo problema de la ausencia de gobierno. Los propios políticos se han convertido en el gran problema que hay que resolver, pero ningún  partido relevante forma parte de la solución, los políticos nadan en el charco de la ineficacia, la irresolución y la inutilidad.

Si la ciudadanía es incapaz de votar adecuadamente y si los políticos son incapaces de negociar adecuadamente, ¿Qué es lo que nos queda?

Exactamente, quedan los cuarteles. ¿Y qué está sucediendo en los cuarteles? Los cuarteles españoles tienen una larga tradición intervencionista de forma directa e indirecta en la política nacional.

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El siglo XIX y el siglo XX han tenido una buena colección de asonadas militares, mismamente nuestra actual democracia es hija putativa de la dictadura del general Franco.

¿Es posible que los militares, sean requeridos para presionar o incluso resolver de forma provisional (eso se dice siempre) la falta de capacidad para el entendimiento entre los partidos políticos y formar un gobierno que acometa los problemas más acuciantes de tiene España?

¿Es posible que los militares propongan un gobierno de tecnócratas para hacer frente a los compromisos europeos y frene las ansias disgregadoras de los nacionalistas vascos y catalanes?

Claro que es posible, seguramente por las capitanías se habla de esta posibilidad, seguramente los militares estén presionando a su propio jefe, Felipe VI, en la dirección de resolver algo menos democráticamente la elección de un gobierno. Claro que imponer un gobierno exige a su vez imponer su permanencia, por lo que el Congreso de los Diputados  perdería simultáneamente algo o mucho de su capacidad de decisión, tanta como apoyo necesite el nuevo gobierno "no demasiado democrático".

A lo mejor, blandir la amenaza militar ante nuestro todavía sistema bipartidista, cuyos líderes quieren morir matando, es la mejor solución para resolver democráticamente nuestro nudo gordiano. O a lo peor, la solución militar es la única que resuelve nuestro actual problema, aunque como sucede siempre, genere un sin fin de problemas algo más tarde.

¿Alguien ha oído algo similar en los cuarteles? El que suscribe desde luego que no ha oído nada, pero ¿ Y si sí?