“Ahora, de repente, hay otros (no sólo individuos de otros grupos, gente con una historia, lengua, cultura e incluso color communes) que reclaman algunos de los derechos y privilegios que anteriormente eran etiquetados como “blancos”. Y los blancos reaccionan como si hubiesen sido traicionados, como si se hubiese roto una promesa sagrada. Ellos son blancos. Ellos son americanos de verdad, ¿no? Este es su pais, ¿verdad?”

Es la supremacia blanca en Estados Unidos. Por una parte, la legislacion federal que forzó, y sigue forzando, a la minoria india americana a desplazarse y aislarse como castigo por no ceder a su integracion en la sociedad de esta gran nación.

Incivilizados, dicen.

Por otra parte, testimonios de una clase media-alta blanca que reclama como los miembros de grupos etnicos negros e hispanos están corrompidos, sólo roban sus puestos de trabajo y tienen una inclinación natural hacia la delincuencia, vagos y maleantes. “Pero vosotros, los descendientes de europeos, también sucumbisteis al desplazamiento, también vivíais en barrios para inmigrantes”. “Ya, pero no es lo mismo, ¿sabes? Nosotros somos distintos. Esta gente continúa hablando en su idioma natal, lucen su cultura por ahí, simplemente no se esfuerzan por ser americanos de verdad.” “Mucha de esta gente tiene grupos de apoyo y reclaman sus raíces continuamente. ¿Por qué no podemos nosotros hacer lo mismo? Últimamente siento que ser blanca es sinonimo de discriminacion.”

E, inmediatamente, se forma una piramide social que ya no es metaforica, se plasma tangible y palpable.

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Tú no tienes derecho a tocar mis privilegios, no puedes declarar tus derechos, no los tienes, no eres suficientemente bueno. Es decir, no eres mi semejante, ni tan siquiera humano. Pero el pensamiento se extiende como un virus que promote contagiar al contacto. Aquellos hijos de etnias discriminadas pero nacidos dentro de las fronteras americanas asimilan y aceptan tal supremacia. Y hay asiaticos que asumen que los hispanos son vagos por naturaleza, negros que miran a otros negros como delincuentes, y así un círculo vicioso en el que se desprestigia sistemáticamente, porque siempre habrá un inferior, siempre tiene que haberlo. Pero más importante aún, lo que habita en los bolsillos. Mi dinero tiene la capacidad de borrar el color y rasgos de mi cara, pasado e historia. Ahora, yo soy superior. Estoy más integrado. Perdon, alienado.

No es mi culpa, no es tu culpa. ¿O sí?