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El 11 de septiembre del año 2001 el mundo conoció un diferente significado de la palabra "terrorismo". Cerca de tres mil personas perdieron la vida y casi seis mil resultaron heridas en un horrible atentado que, por desgracia, todos conocemos de sobra. Sin embargo, seis años atrás, en 1995, una célula terrorista que operaba en Filipinas planeó la llamada "Operación Bojinka", un ataque terrorista estructurado en tres fases, cada una de las cuales podría ser considerada una masacre por sí sola. Sus cabecillas fueron los terroristas islámicos Khalid Shaik Mohammed y Ramzi Yousef.

Las fases del atentado

La primera fase de la Operación Bojinka consistiría en asesinar al Papa Juan Pablo II, cuando éste hiciera un recorrido por Manila, la capital filipina, durante las Jornadas de la Juventud de 1995.

Un terrorista se vestiría de sacerdote y detonaría una bomba que llevaría consigo, una vez se acercara a él lo suficiente. Yousef entrenó a una veintena de hombres para esta fase.

La segunda fase habría sido el mayor ataque terrorista jamás producido hasta la fecha: detonar once aviones comerciales que sobrevolaran rutas sobre Norteamérica y Asia. Para ello, Yousef puso artefactos reales de prueba en centros comerciales y teatros, que explotaron hiriendo a varias personas. También introdujo una bomba en un vuelo entre Filipinas y Japón, asesinando a un hombre de negocios. Fue la única víctima mortal del complot.

La tercera y última parte consistiría en estrellar una avioneta contra la sede de la CIA, en Estados Unidos. Otros posibles objetivos de esta fase fueron El Pentágono, el World Trade Center, la Casa Blanca y el Capitolio.

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Dos de estos últimos lugares fueron atacados el 11 de septiembre, pues esta última fase del plan inspiró a la célula que puso al mundo en vilo aquel día.

Captura de los responsables

La habitación del motel donde se alojaron Mohammed y Yousef en Filipinas fue la causa de su detención. En ella se produjo un incendio de los materiales químicos con los que se fabricaban las bombas. El fuego y el intenso olor llamaron la atención de la propietaria del establecimiento y de la policía, la cual tenía una comisaría a poca distancia. Los policías consiguieron entrar en la habitación después de conseguir una orden y encontraron todo tipo de pruebas incriminatorias: ácidos de diferentes clases, termómetros, glicerina, filtros, embudos, temporizadores, fotografías del Papa, crucifijos o ropas de sacerdote. También registraron el ordenador de Yousef, en el que se detallaba el complot. Fue detenido en Pakistán el 7 de febrero de 1995 tras tres semanas de búsqueda y se le condenó de por vida.

No se consiguió encarcelar a Mohammed hasta el año 2003, cuando ya había ayudado a preparar el 11S.

Lo que podría haber sido una auténtica masacre acabó con sólo una víctima mortal y sólo porque los conspiradores cometieron un fallo: almacenar tantos materiales químicos en un espacio tan pequeño. El mundo cambió tras los atentados del 11 de septiembre, pero también cambió tras enero y febrero de 1995.