¡Qué verdad es que la felicidad está en las pequeñas cosas de la vida! ¡Qué pocas personas saben apreciarlas! La teoría es fácil de entender. Pero, sinceramente, me gustaría que alguien me ayudase a llevarlo a la práctica. Yo se disfrutar de un paseo al aire libre, de hacer un poco de deporte, de pasar un rato con la nariz pegada a un buen libro, o de pasar la tarde con mi familia. Sin embargo, y por más que lo intento, no siempre puedo quitarle importancia a las cosas materiales. Hay veces que pienso en mis abuelos. Pienso en cómo se divertían, pienso en el poco dinero que tenían y lo felices que eran cuando estaban juntos. Pienso en como disfrutaban de la compañía de buenos amigos, o viendo corretear a sus hijos por el patio.

Pienso que la época que nos ha tocado vivir a los de mi generación, no nos ha facilitado para nada el disfrutar de estas pequeñas cosas, pues vivimos en la era del consumismo, de la publicidad y de la envidia. Vivimos en una época, en la que la pelota ajena es siempre mejor a la tuya. Vivimos en una época en la que el pantalón que lleva la modelo del anuncio es mucho mejor que nuestros pantalones. Hay veces que siento envidia de aquella época, donde el dinero no entraba por la puerta, y no era necesario porque se tenía salud y amor. Por otro lado, considero que la felicidad en la que la mayoría creemos es un tanto utópica, puesto que consideramos que nuestra vida no es feliz, por el simple hecho de tener momentos tristes o no tan agradables. Sin embargo, hacen falta días tristes para saber apreciar los momentos felices.

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En definitiva, me encantaría algún día poder ser como mis mayores. Me encantaría mirar algún día hacia atrás, y ver que aquellos días de sufrimiento merecieron la pena, porque me ayudaron a apreciar mejor los pequeños placeres que me brindó la vida. Me encantaría, en un futuro, poder contarle a mis nietos que era feliz si tanta  tecnología, sin tanto consumismo. Me encantaría, así, mirar hacia atrás y decir algún día: ¡Lo conseguí!