No soy seguidora de Gran Hermano. No lo he visto nunca, no me entretengocon gente que no conozco ni me aporta nada, perome ha llamado la atención el revuelo de las últimas semanas en torno a uno de los concursantes que, por lo visto, se entretiene haciendo apología del Maltrato animal y la violencia de género en Televisión.

Álvaro justifica su actitud con que ha sido parte de una broma "para reírnos, para que los demás se rían".

Qué lástima que a día de hoy en España el abandono y ahorcamiento de galgos a manosde ganaderos y cazadores no sea motivo de broma. Con sinceridad, creo que un país número uno en maltrato animal no necesita "bromas" de este tipo. Tampoco las necesitan tantos y tantos voluntarios en protectoras que se dejan la vida para rescatar a galgos atropellados, torturados o expulsados de casa "porque es muy pequeña".

Que muchas de esas personas ademáshan tenido que sostener en sus brazos más de una veza algúnperro reventado por las ruedas de un coche, de alguien que pensó que era más importantesu carroceríay ni siquiera paró para quitar de la carretera al "maldito galgo". También habrán tenido que bajar del árbol a ese perro cazador a la fuerza, con la tráquea rota por la soga y el cuerpo famélico por una vida de hambre.

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Televisión

O bien recogido el cadáver de un perro quemado vivo por algún niño trastornado, algo que al parecer está tan de moda últimamente en nuestro país.

Si como dices, Álvaro,"te gustan los animales y las personas", deberíasvisitarrefugios para ver cómosádicos bromistas han desollado a un galgo para extraerle el chip y poder asfixiarlo impunemente o abandonarlo bajo esa lluvia de la que hablas. Me extraña que conozcas esa realidad.

Puedes ser un ignorante bromista o un conocedor sin escrúpulos.

Creo que no es ninguna broma. No lo es, sencillamente, porque a esas personas no les hace ningunagracia. Lo peor de todo es que el concursante pienseque decir algo así puede ser aceptable por los demás en una conversación, crear un ambiente agradable de humor, como lollaman, porque lo ha hecho con la certeza de que sería motivo de risa.

¿Qué puede haber peor aún? Que, tras su expulsión, su desconcierto sea mayor que su comicidad, y que en ningún momento de camino a plató tuviese la más remota idea de cuáles fueron sus comentarios inapropiados. Podría creerme que "no tiene maldad", como bien afirmó el concursante, pero el hecho de que no fuera consciente de la crueldadde sus palabras demuestra que no creía en lagravedad de los asuntos que trataba.

Al escuchar esas cosas, llegué a pensar aterrada que estaba ante un reflejo delos españoles, ¿realmente nos enfrentamos a esta mentalidad en los jóvenes de nuestro país? Pero enseguida me inundó la calma al vera más de 150.000 personasentregadas a la indignación, además de Mediaset,y toda una España sublevada contra tal actitud, luchando por el respeto animal sin tiempo para bromas.

Definitivamente, en un país aún retrógrado en respeto animal, donde existe diversión con la agonía de un toro o una cabra, donde se tortura a tantos y tantos animales en zoos, granjas y peleas ilegales, donde perros y gatos son recluidos como escoria en albergues tras un abandono impasible y un maltrato extremo y donde todavía hay personas más preocupadas por su coche que por la vida de un ser vivo. En un país como el nuestro, lamentablemente, igual que muchos otros, no necesitamos a un personaje público que haga apología del maltrato animal. Y nada de esto, por desgracia, es una broma.

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