Su paso como directivo, con sueldos estratosféricos y una vida de maharajá de Ranchipur, por varias empresas desde que hace 20 años dejara la presidencia del gobierno español, le ha convertido cada vez más en un personaje que nada tiene que ver con el que en 1977 pedía algo que hoy en día él mismo se sitúa en contra de lo que pedía.

Si ha querido justificarse con lo que piensa sobre lo de Venezuela, este cronista nunca ha sido entusiasta de Chávez ni de su sucesor, pero tampoco de los del otro lado de aquel país por el que ambos compiten. Y Felipe González, al decir: “En el Chile de Pinochet había más respeto a los Derechos Humanos que en el paraíso de Maduro”, demuestra pocos escrúpulos.

O nada de ellos. Como un presunto dios que cree que sólo él tiene razón. Como un Guillermo Toledo, pero vistiendo caro, aficionado a las frases rotundas, que ante ellas, si no contestas con un “amén”, pareces un hereje, o un envidioso, o un paleto que no tienes la “infinita sabiduría” de él.

La cerrazón de los barones del #PSOE ante negociar con Podemos o con los nacionalistas catalanes de derecha e izquierda, ha sido lo que está destrozando el partido poco a poco y le va dando batacazos electorales uno tras otro. #Pedro Sánchez, por inexperiencia y porque tampoco le dejan actuar como querría, está pagando el desastre que esos barones han ido causando.

Lo curioso es que, cuando Zapatero llegó a secretario general y luego a presidente, González se calló, dejó de ser el que era desde que dejó la política activa, ofendiéndose si no se le obedecía en todo.

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Por ello, los secretarios generales que le sucedieron fracasaban.

Pero el paso del tiempo y la aparición de Podemos, que venía a sustituir a PSOE e IU, ambos anticuados, les ha dejado descolocados. Oyes a Rodríguez Ibarra o a José Bono y parecen dos paletos de pueblo con ideas anticuadas y nada progresistas. Y lo peor es que tienen poder en el partido, sus palabras se siguen oyendo y acatando como si fueran la Biblia. Como las de González. Con el añadido de la inefable Susana Díaz, una versión femenina del irritante Alfonso Guerra. Lo digo por sus arranques de temperamento en el peor sentido, sobre todo cuando habla de Cataluña, como deseando ser una nueva Espartero, que con aquella prepotencia tan suya decía: “Barcelona necesita que la bombardeen de vez en cuando”.

Hoy, la prensa y las redes sociales que no son de El País están llenas de caricaturas o memes con Felipe González convertido en de todo menos en guapo. Una de ellas hace una mezcla de la famosa fotografía de Pinochet con gafas oscuras y la cara de él.

Otros le recuerdan su vida de millonario. Pero él estará creyéndose que sólo él tiene la razón, que dentro de 50 años le recordarán como a un santo incomprendido y envidiado en su tiempo.

Y mientras, como recordaba ayer Sandrine Moral, la corresponsal de Le Monde: “El PSOE está enfermo. Desde hace meses está a la deriva y se deshace. Las sucesivas derrotas electorales ‘históricas’, seis en poco más de un año, (…) ha obtenido, golpe tras golpe, los peores resultados de su historia”. Por culpa de Sánchez, quizá, pero sobre todo de González y los mencionados previamente. #Felipe González