Es evidente que el #populismo ha hecho su entrada triunfal en la escena política internacional en los últimos años como consecuencia de una crisis económica y política que sobre todo ha afectado a los países más desarrollados de occidente. No obstante, hace falta preguntarse, que vino primero, ¿la gallina o el huevo? Hay quienes afirman que los populismos surgen en épocas de inestabilidad frente a quienes sostienen que las épocas de inestabilidad surgen tras la aparición de movimientos populistas.

Mucho ha cambiado el significado de esta palabra desde que apareciera en Rusia en 1870 bajo el nombre de “Narodnichestvo”, que se tradujo como “populismo” en los idiomas Europeos.

Esta nueva forma de hacer política, como subraya el autor Ernesto Laclau, entendía el Populismo como la necesidad lógica del Pueblo, que es entendido como un ente vivo, de unirse y defender sus propios intereses frente a las clases dominantes. Este Pueblo solía aparecer como la unión de una mayoría de personas que no estaba representado en el plano Político. El término no tardó en ser utilizado de manera negativa como un insulto o una amenaza, comenzando así una deriva que nos hace entender el concepto como lo hacemos hoy en día.

El Populismo en el último siglo siempre ha nacido ligado a una situación extraordinaria, puesto que en una situación de relativa normalidad no suele encontrar el caldo de cultivo adecuado para expandirse. Se suele decir que hay tres situaciones ideales para el surgimiento del Populismo en un País;

  • Que la situación económica sea mala sea negativa
  • Que los ciudadanos sientan que la clase política no está capacitada para resolver los problemas nacionales, o haya una pérdida de legitimidad o confianza por parte de la ciudadanía
  • Por último, que el País sienta que está amenazado por una potencia extranjera

Cuando se da alguno, o una combinación de estos factores, se da el caldo de cultivo adecuado para que surjan partidos o políticas de carácter Populista.

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No obstante, habrá otros rasgos característicos compartidos como puede ser la existencia de un líder carismático que es visto como un gran salvador, un guía o la única persona capaz de resolver los problemas a los que se enfrenta el País. En muchas ocasiones, estos líderes populistas están envueltos en una capa de mesianismo, en la cual se exaltan sus capacidades hasta llegar a ser casi sobrenaturales.

A su vez, el Populismo siempre está enfocado por los partidos o por sus líderes como una respuesta anti-elites” o “anti-establishment. ¿No nos suenan estos mensajes? Todo Partido Populista basa su existencia en la necesidad de crear una diferencia entre el “nosotros” y el “ellos” con la cual movilizar los simpatizantes o al electorado. Las élites se pueden entender de varias maneras, desde la Unión Europea para el Frente Nacional de Marine Le Pen, hasta la “casta” para Podemos o el “establishment” para #Donald Trump. Los partidos Populistas se manejan en el campo de los sentimientos y las pasiones, más que en la lógica o en lo posible para tratar de siempre trazar una línea en la arena entre los enemigos y el pueblo.

Lo que está claro es que ha habido un nuevo resurgir de los populismos que se han hecho con un hueco en el plano Político de varios Países.

No obstante, hay partidos políticos que ya no del significado negativo del término y se declaran abiertamente Populistas como #Podemos en España o los sucesivos gobiernos del Kirchnerismo en Argentina. Estos partidos buscan recuperar el sentido original del término como un Partido “del pueblo” que defiende los intereses del mismo. No obstante, en la actualidad, con unos medios de comunicación que utilizan la palabra en su sentido más negativo, con una clase política que lo utiliza como arma arrojadiza frente a sus adversarios y una opinión pública bombardeada durante años por el mal uso del término o su tergiversación, cuesta creer que el término vuelva a recuperar su sentido original para situarse entre las otras corrientes políticas.